El mundo fue y será una…
Así comienza uno de las condenas firmes y sin paliativos que esgrimía hace más de 70 años el llamado Discepolín enfatizando así las llagas de una Argentina que parece cambiar de nombre por un México lindo y querido. “Siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos […] vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos…”
Las huellas dactilares dejadas por Felipe Calderón a su paso por Nacional Financiera (Nafin) y Petróleos Mexicanos (Pemex); todavía lucen frescas a la vista del recuerdo ciudadano cuando, en la primera institución, clavó “las manos limpias” sobre dinero ajeno al autoaprobarse un préstamo millonario a todas luces ilegal y antiético que meses después, ya como secretario de energía del trastornado foxismo volvió a sonsacar sus picaras flaquezas o costumbres amparando las documentalmente comprobados “arreglos” empresariales de su entrañable correligionario Juan Camilo Mouriño…
“si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición…” No hay alusión alguna, sólo recuerdos extraviados de aquel tango…
Desde luego en la ficha del señor Calderón no aparecen, periodísticamente hablando, más acusaciones a las antes señaladas porque fuera de los empleos en Nafinsa y Pemex el michoacano jamás disfrutó de un hueso de tan caldoso tuétano salvo haberse desenvuelto en las torcidas vísceras del Congreso de la Unión y del aparato burocrático del partido (PAN).
Precisamente por el borrascoso proceder de Calderón con relación a lo que debió haber sido insospechada probidad para custodiar, usar y transparentar los recursos públicos tanto indignan como amargan los cínicos desplantes del inquilino colado en Los Pinos cuando exaltado, satisfecho y entonado con la argucia festiva de saberse políticamente sobreviviente (dos años) de su timadora imposición; reunió bajo una carpa rigurosamente resguardado por el ejército a los grupúsculos opulentos y a la clase política, lambiscona de siempre para informarles sobre la puesta en marcha de un programa que la gerencia a su cargo decretó en relación a la transparencia y rendición de cuentas que deberán predominar en la fusión y en la administración pública federal.
Los tangos de Discepolín acusan la codicia y el desamparo de la argentina de ayer. El México de hoy nos presenta una campaña a favor de la Transparencia a la información pública, transparencia que termina siendo parcial y manipulada en conveniencia del grupo en el poder; rendición de cuentas que termina siendo una algarabía que omite con la espectacularidad de la mercadotecnia radial y televisiva los magros y no pocos nulos resultados en materia de aspectos sustantivos de la vida diaria.
Así, el miedo de salir de casa, la inseguridad pública, la falta de oportunidades, el cierre de empresas, la pérdida de empleo, la violación de los derechos humanos, los robos, el secuestro, los levantones, el asesinato; en síntesis la angustia y la muerte en México imponen la ley. Una conclusión que subraya la desconfianza de que el Estado en manos de quienes presumen su limpieza pueda convertirse en garante de la convivencia entre los mexicanos.
En cualquier lugar del país se observan con tanta facilidad que lastiman las terribles evidencias de los aspectos arriba señalados. Evidencias que pretenden ser omitidas en una descarada campaña mediática que resulta “un atropello a la razón” como lo plantó Enrique Santos Discépolo en su conocido tango “Cambalache”. La burbuja de engaño y omisión no puede adjetivarse correctamente en estas líneas porque el diccionario no presenta definiciones para el conjunto de atrocidades que unos y otros de quienes deambulamos y sobrevivimos por el laberíntico engranaje nacional lamentamos que siga ocurriendo y no haya argumento o planteamiento oficial alguno que denote un dejo de interés… “hoy resulta que es lo mismo ser derecho [¿o de derecha?] que traidor.
(Publicado en el diario Frontera, Tijuana, B.C.)