miércoles, 17 de noviembre de 2010
Postigo y yo (Violencia y jóvenes)
domingo, 7 de noviembre de 2010
Cambio de rumbo (Postigo y yo)
domingo, 5 de septiembre de 2010
Olores de ciudad
Desde la sencillez de la entrega mutua en las alturas de aquel sexto piso agregado en el edificio del siglo pasado ubicado sobre la esquina más elevada de lo que fuera la ladera del río y que con los años se ubicó apenas tres cuadras por atrás de la plaza central de la ciudad y del palacio municipal del pueblo. Desde la esquina donde aquel viejo edificio se levanta aún se observa la entrada y salida de grandes buques cargueros que llegan al muelle ubicado a casi un kilómetro. Las imponentes figuras de acero que llegan al puerto y su aparente cercanía desde el raz del suelo alto, en el que viví mientras estudiaba en la universidad, prefiguran la invasión de aquellas grandes moles entre las calles humedas y ladrilladas de la ciudad. Sin embargo, la profundidad que han logrado calar en el fondo del río pemite disfrutar de aquella convivencia de acero, concreto y agua. Y ahora recuerdos compartidos.
En lo absurdo intento por atrapar las ideas espontáneas que me llegan más de prisa de lo que soy capaz de retener las transcribo en mi agenda y en ese ritmo acelerado se me diluyen entre el intento de concluir la idea y las pausas obligadas del siguiente recuerdo que ya golpea el despertar de mi memoria. Así trascurren los primeros minutos de mi llegada a la ciudad en la que pasé -no diré la "mejor etapa de mi vida" porque no tengo elementos para un comparativo de evaluación-; sino aquella etapa previa en la cual aparentemente recibiría los suficientes "conocimiento" o informacion formal o profesional para "valerme y sostenerme" palabras de la abuela Renata.
Sentado en el asiento trasero del taxi LTD Gran Marquis que tomé a mi salida del aeropuerto, mis piernas alcanzan a estar comodamente estiradas. Desde aquel amplio espacio en que que me acomodé, puedo obeservar con detalle las calles, los semáforos, las esquinas y la gente todo ello pareciera ser la misma cosa de hace más de 20 años, cuando salí de este lugar. El taxista me observa en silencio, de vez en vez, complice de mi sorpresa y gusto de mis recuerdos que supongo pudieran ser evidentes para cualqueira que me observara en estos momentos.
Así continuamos, en una aparente compicidad que sólo yo hacia que existiera en la divagación de mis ideas apresuradas. Avanzamos por la única gran avenida que separa al aeropuerto de la vieja zona donde mi familia ha vivido desde la época dorada del Potrero del Llano, aquel pozo petrolero que marco el inicio de una importante etapa de crecimiento en toda esta region del Golfo y la huasteca. Mientras los aromas de la ciudad se filtran, junto con un ligero aire tibio, a través del pequeño espacio de las ventanillas que llevo abajo intencionalmente. Al aspirar al mismo tiempo aquel calor natural y el frio artifical en aquel espacioso asiento me llegan imágenes de su vestir mezclado de corrientes diferentes de las últimas tres décadas. Casi podría asegurar que en aquella esquina estuvimos tomados de la mano en espera del cambio de luz o de que por ese callejón apenas alumbrado que pasó de prisa ante mis ojos caminamos una y otra vez esperando sin buscar lo que fuera con tal de seguir evitando que cualquier cosa ajena llegara y se impusiera entre ambos. De eso estuvimos conscientes -creo- en todo momento, o al menos durante el último año de la carrera, cuando las opciones se abrian o queriamos construirlas.
De repente vienen a mi mente, junto con un temor de irresponsabilidad, las reuniones postergadas, mientras escribo una lista grande que no termino de redactar de nombres de amigos; debo decir ahora: viejos amigos, lugares familiares y errores cometidos durante etapas desaforadas que omito intencionalmente. Estas calles parecieran observarme transitar en mi primer regreso forzado después de casi tres décadas, en las que ni por asomo pensé en regresar cuando pasaron los primeros cinco años de haberme despedido con un hasta luego de todos mis amigos, mis hermanos y por supuesto, de Cler. Lo cierto es que quien observa soy yo mismo, las casas, las calles y muy probablemente aquellos amigos ni me recuerdan, no tendrían porque hacerlo.
De nuevo las luces tenues de los faroles de las entrecalles me traen la imagen que me cobija con aquellos trapos que me hacían contemplarla divertido, al tiempo que me sudaban las manos. Al ver que su andar sólido tomaba rumbo hacia donde pudiéramos encontrarnos. No he dicho que cuando nos conocimos cursábamos el segundo año de la universidad.
No logro distinguir si los suspiros son mas frecuentes y constantes que los recuerdos o las palabras, por momentos incontenibles uno u otros. Como si hubiera terminado un maratón, sólo que desde nunca he sido un deportista ni siquiera dominguero. Cuando las imágenes se hacían más nítidas en mi memoria mi pulso se agitaba a un ritmo incapaz de controlar. Al revisar la descripción incipiente de los recuerdos transcritos que escapaban de mi voluntad para dirigirlos, detenerlos u orientarlos, regresaban a mí los años, 28 después de aquella tarde.
Tal y como si se tratara de un recuerdo inmediato. Algo que ocurriera apenas ayer mientras firmaba las escrituras de venta del terreno que mi abuelo me heredo. Esa fue la razón que me regresó al puerto. Al bajar del avión, el aire que entró en mís pulmones a través de mi piel inmediatamente golpeó todas las células que le pertenecían, no a micuerpo sino a aquel espacio donde pertenezco. Quisiera poder decir que me sentía tal y como en todos esos años de adolescente en que recorría media ciudad en bicicleta o a pie sólo para visitarla, para encontrarla, para verla.
Con el tiempo me di cuenta que el pago de los prestamos en efectivo nunca llegaban, la gente solía pagarle con especie, gallinas, guajolotes, becerros y hasta una burra llegaron a entregarle a cambio. Fue doña Carmen quien cumpliendo con su palabra venía a saldar su deuda, la cual había adquirido un año antes, ese era el tiempo que mi abuelo determinaba para el pago de aquellos prestamos, así lo venía haciendo, según me enteré por 40 años, cuando su padre lo dejó a cargo del rancho y las parcelas que le rodeaban.
En aquel momento tenía 25 años, dos años antes de que se casará con Renata la sobrina del compadre de mi bisabuelo.
El teléfono me sacó de aquella divagación, el número era local.
Supuse que se trataba del Notario, decidí contestar -¿Quién habla? Del otro lado un espacio de silencio que me inquieto por un momento, se rompió cuando escuche una voz que con un tono familiar me dijo -Hola Chago. Mi nombre es Santiago Arroyo Martínez, sólo unos cuantos viejos y muy cercanos amigos -ahora más viejos que cercanos- me llamaban de esa manera. El tiembre de aquella voz me dejó mudo por unos instantes. Creí haber reconocido la voz, o así creo haber deseado que fuera desde mi llegada a la ciudad. Era imponsible -pensé en esos segundos de silencio- ¿Cómo sabría que estaría por estos rumbos? Si había sido un viaje extraordinario y decidido a últimahora pero aún más ¿Cómo sabría mi número telefónico?
domingo, 22 de agosto de 2010
Domingo por la mañana
La madrugada cortaría los humores alejados dando paso a que se hundieran los desaciertos del silencio, la omisión y el descuido.
Los bostezos acortaron la distancia de las camas y las sorpresas preparadas ocultaron el tufo del tequila.
Los anuncios matutinos señalaron el cierre de un periodo que en realidad nunca se ha iniciado o ha tomado rutas que sólo se recorren en contrasentido.
sábado, 21 de agosto de 2010
Callar
¿Quién por voluntad deseará escuchar un desahogo extraño?
¿Quién en su parsimonia o vocación se convertirá en la virtualidad de un paño que se webiza?
¿Quién merece perder el tiempo en el reparo de la lectura de la opacidad del otro?
Es mejor, entonces esperar a que los tsunamis patológicos ajenos que impactan la cotidianeidad disminuyan su arrastre. Aunque sin detalle y sin explicitación la alusión y el desahogo han llegado.
Abur
sábado, 3 de julio de 2010
Cuento de horror
But, el espanto it is not cuando se espera, cuando se sabe su aparición la imagen añorada y consiente no causa ningún horror, sino alegría por la seguridad de adivinar.
Amores que se disfrutan por saber; y gozar lo conocido por lo advertido en la conciencia de la experiencia.
Venga, entonces, el amor que advierta y provoque los cuentos de horror y risas...
Nada
Sin llamarlos, pero persistentes y contundentes, el sereno y las sombras extendidas en todos los rincones que limitan la mirada, la tarde-noche-madrugada son la sintonía del silencio y el frío que adormece las rodillas. La espera atropella la compañía con la que se llega solo, muy solo, al amanecer; mientras las intenciones impulsan el monologo que se desvanece ante la queja gritada y el engaño que se niega surgir en una realidad invocada existente en la patología que emana del engaño sufrido.
Cualquiera que sea el origen psiquiátrico o genético debiera ¿aceptarlo callado? Sin respuestas, pero con atavismos melindrosos por el hartazgo. El suicidio inmaterial es insoportable. Así, la espera de la muerte ahogando el sentimiento en lo profundo de un recipiente frío y verdeoscuro que se trasluce al vaciar su contenido del petite syrah que lo escucha al besarlo. El transcurrir de los segundos se detiene en la espera de la siguiente palabra y del trago contiguo de una idea que constituya los primeros dejos de una explicación encerrada o limitada por la apatía por continuar y la utopía de aceptar que los mejores días por venir nunca llegarán.
Narrando y navegando en una retórica insulsa por cobarde, la facilidad de decisión llega cuando la locura es la guía. La razón sostiene las palabras encarnando el cáncer que entorpece sin evidencias mas que la experiencia ajena que sólo convierte la mirada y el pensamiento en engaño propio, acusando en otro.
Eufemismo de un “¡lárgate mamón!” que se cambia por el aviso del despido y la invitación esclerótica de la locura de la misma quien propone. En estos casos, la conclusión de algo, que en origen no encontró fondo para enraizar, no es concluyente sino regularidad y diáspora de los besos que no llegaron. Crecer en el vacío es sostener estructuras que navegan en la relatividad del espacio de un conjunto de falsas esperanzas. Lo que la ilusión creyó es un sin razón, su sorpresa sólo es advertencia de lo ajeno.
La resequedad de sus labios apretados también son excusa de un freno que se desgrana en la humedad de sus mejillas. Los dientes aprietan una lengua que inamovible detiene las palabras que romperían aquel silencio. La opacidad en estos casos es preferible al caos del sin sentido que golpearía al error y las culpas que se dirigen al vecino y se alejan del vientre que los parió. Sin embargo, las palabras no dichas duelen más cuando se graban de negro y en Arial sobre el blanco de la imagen. Escapándose por sus dedos las palabras que debieran mitigar la pena sólo iluminan aquel rincón en que se encuentra. ¿Por qué reclamarse? Si a la distancia sé su vida fue eso; la constancia hoy vuelve a recibirse, a graduarse, a tomar su lugar, a escribirse; simplemente se obtiene lo merecido: nada.
Simplemente, nada...
miércoles, 26 de mayo de 2010
El país de las escondidillas (Postigo y yo)
El esconderite o las escondecucas ha sido una forma en que los niños de la mayoría de los pueblos han desarrollados procesos de socialización e interacción. Las reglas muy simples: Los participantes buscarán un lugar donde esconderse, entre ellos seleccionarán una piedra, un poste o un árbol como el punto de “salvación”. Uno de los participantes será el encargado de encontrar, después del canto de una cuenta numérica, al resto de los niños. La selección de los mejores lugares para no ser encontrados puede garantizar el triunfo.
Una variante de aquel juego se percibe desde hace tiempo en el escenario nacional. Así, se observa como el esconder evidencia; tirar la piedra y ocultar la mano; perder el rumbo y omitir los procedimientos; disimular realidades por grotescas y ofensivas, son unas y otras parte del decálogo de la práctica de la cotidianeidad pública y privada. Se pudiesen contar tantas historias oprobiosas y absurdas para la inteligencia popular. Sin embargo, sólo mencionaremos algunas evidencias de esta parodia.
El resultado del caso de la niña Paullete quien increíblemente se perdió o se escondió su cuerpo en un pequeño espacio de su propia cama, lugar donde muere de abandono lleva, al remedo del gobierno de Peña Nieto, después de nueve días a declarar que Paullete Gebara Farah murió por “accidente”.
Mientras aquello se declara, Felipe Calderón también hace lo propio. Fecal esconde su sumisión detrás de los aplausos recibidos en el Capitolio de los Estados Unidos; en su “bravucona” declaración en contra de
En la búsqueda frenética por posicionar su extraviada legitimidad Calderón, a través del uso inapropiado de las fuerzas castrenses, comenzó una “guerra” que no ha presentado mejores resultados que la pérdida de los espacios de convivencia y el incremento del miedo a la muerte entre cada vez más ciudadanos en todo el país.
El presidente del empleo esconde también su falla en la conducción de la política en la mayoría de los rubros que debiesen servir para mantener arraigados a los 750,000 emigrantes anualmente expulsados de sus propias tierras por falta de oportunidades.
En otra escena de la parodia, la búsqueda suspendida para dar con el paradero o escondrijo de Fernández de Cevallos, no debiera sorprendernos cuando esa práctica de omisión o desatención es la constante en las instancias encargadas de la procuración de justicia en nuestro país. Sin embargo, en otro caso, la justicia se mantuvo inmutable como en el asesinato imprudencial –irresponsable- cometido por la heredera del rokero mexicano Alex Lora. No son pocos los casos en que la justicia da carpetazo a este tipo de homicidios, sin embargo, para su “fortuna” ser hija de quien es, colocó a la embriagada hija de los Lora tras las rejas, haciéndose de esta manera “justicia” sin consideraciones de ningún tipo. Ya tendrá el rokero de México razón o fuente de inspiración para cantar entre algunos de los que no pudieron o no tuvieron para esconderse en otro lugar que el penal de Santa Martha. En contrapelo al caso de Celia Lora, la descarada declaración de
Lo cierto es que no siendo un juego, la realidad social, política y económica en México también se acompaña de una desesperanza aferrada a los labios y las uñas de quien hoy mismo estará decidiendo aferrarse a una piedra, un poste, un árbol para volver a intentarlo, no importando las pérdidas o ser “descubierto” al fin y al cabo la justicia duerme en el país de las escondidillas.
Publicado en Frontera el 25 de mayo del 2010.
viernes, 14 de mayo de 2010
Apocalipsis: El quinto jinete (Postigo y yo)
Calderón oculta en sus discursos jactanciosos, empero, que la corporatocracia es quien ha señalado desde hace décadas la política económica del gobierno y esto no es conspiración ni elucubraciones sino simple conjunto de evidencias que en la práctica hacen ver cómo las grandes corporaciones empresariales y oligárquicas priorizan la maximización de los beneficios sobre los costes sociales y ambientales.
Por señalar la lógica evidente desde la cual se reproduce el axioma anterior se conoce la medida de cómo los gobiernos entreguistas neoliberales asumen el endeudamiento externo como alternativa para atemperar las crisis recurrentes provocadas por ellos mismos.
En aquel marco, los empresarios del campo y la fábrica, los productores de insumos y bienes terminados o intermedios se encuentran hundidos en un escenario de apertura comercial apresurada que los obligó a acceder al crédito como una opción ofrecida perversamente por las grandes financieras para obtener el control absoluto de los mercados. Esta opción en el mediano plazo significó un mausoleo empresarial manifiesto en el cierre de innumerables micros y pequeñas empresas, así como en la pérdida de empleos en todo el territorio.
La corrupción y malversación de fondos en manos de altos funcionarios y de los grandes corporativos llevó al país a aceptar las condiciones externas para solventar el endeudamiento eufemicamente llamado “políticas de ajuste estructural”: devaluación de la moneda, recortes en el financiamiento de los programas sociales (salud, vivienda y educación), y privatización de las empresas públicas, entre otros mandatos.
La caída del valor del peso, por ejemplo, significa una opción a través de la cual las grandes corporaciones obtienen (compran) los recursos a precios mucho menores de los reales (sendo favor les hacemos vendiéndoles más barato aquellos recursos que de por sí son producidos a costos elevados y en cantidades insuficientes). La desatención Estatal en los programas sociales significa dejar en la orfandad y comprometer el bienestar y la integridad de la sociedad a la “mano invisible” de un mercado que ha profundizado los niveles de miseria. No hay que sorprenderse entonces de los resultados actuales presentes en el tejido social: jóvenes desempleados, trabajadores explotados, campesinos olvidados, mujeres violentadas, niños enfermos, etcétera.
En este escenario de vacío y desinterés de la política de Estado con sus responsabilidades básicas, se abre la posibilidad para que los sistemas socialmente necesarios sean adquiridos, administrados y regulados por la iniciativa privada; es decir, la privatización de las telecomunicaciones, de los caminos, de los puentes, de los puertos, de la producción de insumos, de la educación, de pensiones o de salud son polvos de centenarios lodazales que de forma permanente o cíclica salpican a los borrados de siempre.
Se equivoca el usurpador de Los Pinos cuando alardea que su gobierno no sólo venció a cuatro jinetes del apocalipsis a quienes relaciona con el virus de la influenza, la crisis financiera, la guerra contra el narco y la sequia; sino también a un quinto charro identificado con la caída en los precios del petróleo.
Sin embargo, en el libro del Apocalipsis la duda cabe, cosa contraria a los resultados provocados por la atropellada cabalgata emprendida por “el hijo desobediente” sobre la mayoría de los mexicanos pues desde diferentes posiciones Fecal ha traído consigo lo que ahora endilga a la mitología cristiana: Peste, Hambre, Guerra y Muerte.
jueves, 6 de mayo de 2010
Efervescencia del hartazgo Reloeded (Postigo y yo)
¿Cuál es la estrategia política mexicana en el rubro de “paisanos emigrados”? ¿Cuáles son las acciones concretas en materia de atención consular de los miles de connacionales radicados en Arizona? ¿Cuál es la atención que le otorgará el gobierno mexicano a los cientos de hombres y mujeres que han perdido su fuente de trabajo en aquel estado norteamericano? ¿Cómo sacará a los cientos de inmigrantes que hoy se encuentran encerrados en sus propios hogares por temor a ser detenidos? ¿Cómo se atenderán las condiciones de familias desmembradas en aquel estado porque sus padres han sido “acusados” de criminales por no poseer residencia legal empero sí haber engendrado hijos en aquellas tierras? ¿Cómo se evitará que hoy mismo y durante los próximos meses otros cientos de miles de paisanos “expulsados” de sus tierras en cualquier estado de México intenten cruzar hacia los estados unidos por el único espacio “libre” que les ha dejado la “Border Patrol” sin vigilancia extrema: El desierto?
No me detendré en figurar presunciones de respuestas. Sólo pretendo acompañar la importuna fantasmagoría que resulta compartir impresiones de la realidad que entreteje los avíos y desviaciones que colisionan en lugares simultáneos como las fronteras.
Estas líneas son sólo estímulos íntimos para insistir en un espacio que persiste en vaciarse en la miopía y la apatía, más allá de las fronteras auto creadas e imaginadas y satelitalmente vigiladas México y Tijuana son hoy territorios de iletrados hambrientos de insumos exportados y pirataje. Sean también hoy las fronteras reales erigidas en la línea asunto insubstancial cuando de deseos compartidos se trate.
Las demandas efervescentes son fuente de creatividad que da libertad a los recuerdos y a las fantasías que recreadas replantean un diálogo. Aunque de cierto es que mucho tenemos que rehacer por romper la inercia y el escepticismo del pasado inmediato en el que nacimos, del irritante hoy y del mañana desolador. La inconformidad provocada por ver, oler o percibir el tufo perpetuo a perro muerto que rodea a muchos de los asuntos cotidianos, revive el hartazgo con las declaraciones oficiales. Esta efervescencia debe ser el adjetivo que no dé tregua al aire que insiste en convertirse en ambiente.
Fueron los propios paisanos quienes dieron muestra de su fuerza a través del levantamiento de sus voces en contra del hastío por el desprecio del que han sido objetos. El fin de semana cientos de miles de ciudadanos norteamericanos hijos muchos, muchísimos de ellos de inmigrantes ilegales mexicanos demandaron respeto a su condición de vida. Mientras en México seguimos leyendo y escuchando de Fecal y sus esbirros una perorata cantinflesca, absurda e irresponsable, que omite, en los hechos la implementación de acciones concretas para detener lo que ocurre no sólo en Arizona sino en cualquier lugar donde cualquier mexicano se encuentre.
Hagamos pues del eco de aquellos que nos insisten en la leída, el puente de concreto sobre el que transite la imagen y efectos que insiste en la destrucción de la condición humana, no con el morbo del espectáculo lúdico de la miseria enternecedora sino como un acuse desde el cual los suspiros sean la esperanza demandante de acción en contra del hartazgo.
Periódico Frontera 4 de mayo del 2010
martes, 27 de abril de 2010
"Alta Traición" a migrantes. (Postigo y yo)
El trato injusto vivido por los paisanos es atendido (en lo declarativo) sólo en momentos extraordinarios pues para los que vivimos en las fronteras y conocemos de las penurias, abandono y muertes en el desierto, de los expulsados en el país es asunto cotidiano aunque también son la resma de pendientes ignorados. El asesinato de civiles (niños, mujeres, jóvenes, hombres) víctimas inocentes en la desatinada “guerra” contra el narcotráfico; los más de 10 millones de indígenas hablantes de 291 idiomas que sobreviven en la opresión y la discriminación desde hace más de 500 años; los 7 de cada 10 jóvenes que no llegan a la universidad; los 5 de cada 10 pobres en América Latina que son mexicanos; la mortalidad infantil por causas de enfermedades erradicadas; la pederastia en la iglesia católica; el millón de mujeres violentadas el último año, etcétera.
Asuntos aquellos nada menores que al no priorizarse en la agenda nacional representan, sin embargo, la insolencia e insensibilidad de los distintos niveles de gobiernos, su hato de funcionarios y otras marionetas del sistema hoy repiten aquí y allá un “acuse de injusticia” provocadas por las cíclicas reformas anti-inmigrantes gringas mismas que al recrudecerse (obliga) a los serviles burócratas a poner “el grito en el cielo” intentando desmarcarse del añejo olvido en el cual han mantenido a los hombres y sus comunidades estranguladas por una la justicia negada, amañada y opresiva propia de las acciones institucionales y personales condicionantes de la convivencia entre los mexicanos.
En aquellos crudos horizontes las leyes anti-inmigrantes estadounidenses han sido principalmente de interés pero sobre todo de acción, para grupos independientes defensores de los derechos humanos en aquel país, tal significaron los movimientos surgidos en 1994 cuando el xenófobo gobernador de California, Pete Wilson, promovió la Proposición 187 negadora del acceso a la salud y educación para los migrantes indocumentados obligando a médicos y profesores a denunciar ante las autoridades a todo aquel carente de documentos “legales”.
Tres lustros después la rabia se recrudece cuando no pocos racistas exigen mayor “mano dura” en contra de los “mojados” con base en una despiadada discriminación que obliga a los agentes policiales locales a hacer cumplir las leyes de inmigración federales.
Todo lo anterior no sólo es asunto de güeros y prietos, sino cuestión de sentimientos y razón pues de esa manera se explican individuos como el Senador John McCain (ex candidato a la Casa Blanca), la gobernadora de Arizona Jan Brewer, y el demente chicano Raymond Herrera, impulsores de propuestas policiacos-represivas en contra de seres humanos acusados de criminales por el hecho de buscar trabajo fuera de sus tierras, donde no encuentran justicia ni sobrevivencia dignas. Los agravios impunes, no debiéramos olvidarlos, aquejan al pueblo de México todos los días y todas las veces por arriba de “las enérgicas” notas notas diplomáticas, o la retórica cantinflesca de un régimen cuyos malabarismos no logran desmontar la escenografía de un país dominado por lo absurdo, indolente, improcedente e hipócrita que en palabras del galardonado José Emilio Pacheco en su poema Alta Traición refiere:
“No amo a mi patria […],
Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos,
cierta gente […],
y tres o cuatro ríos…”
Publicado en el Periódico Frontera 27 de abril del 2010
sábado, 24 de abril de 2010
Efervecesencia del hartazgo.
Insensibilidad, narcotráfico, leyes anti inmigrantes, pobreza sin freno, falta de oportunidades, educación deficiente, corrupción, ilegalidad, impunidad, estos son sólo algunos de los asuntos que anestesian la evolución social; aparentemente sólo delirada por unos cuantos, pero, eso sí discursiva en tantos otros. Lo cierto es que todos ellos adolecen de lógicas públicas o colectivas que las extirpen del tejido social.
En estas primeras líneas no me detendré en esta ocasión en aquellos asuntos, tampoco figuro presunciones de respuestas en el futuro. Sin adulación concreta ni entrelineas, el propósito de estos párrafos es sólo acompañar la voluntad de quien desde hace tiempo insiste en la importuna fantasmagoría que resulta, para tantos más que los menos, leer y, por supuesto, compartir impresiones de la realidad social, política, económica y cultural que entretejen los avíos y desviaciones que colisionan en lugares simultáneos como lo son las fronteras.
Sean las impresiones compartidas, a partir de estas líneas, los estímulos íntimos para volver a la palabra como asistencia y presencia de un espacio que insiste en vaciarse en la miopía y la apatía, más allá de las fronteras auto creadas e imaginadas.
México y Tijuana territorios de iletrados hambrientos de insumos exportados y pirataje. Sean las fronteras reales erigidas en la línea asunto insubstancial cuando de ideas y deseos compartidos se trate. Las primeras no implican obstáculo en lo absoluto, las segundas, sean pues sólo pretexto ocasionado y articulado en la virtualidad de la red.
En los oníricos resultados ajenos, que las más de las veces genera el conjunto de letras que asoman enunciados frágiles como los hasta aquí colgados, advierto la fiesta, el juego, la risa, la ironía y vituperio propio que cada una de ellas me provoca al conjugarse, emerger y subirse al continuum de la virtualidad o la reminiscencia de quien lee.
La palabra compartida por sí misma es fuente de creatividad que no se estanca en la inercia de la cotidianeidad; la libertad de los recuerdos y las fantasías recreadas nos contagian de un diálogo que persiste y del que somos invitados al hojear o ahogarnos en él. Mucho tenemos que rehacer por romper la inercia y el escepticismo del pasado inmediato en el que nacimos, del irritante hoy y del mañana desolador. La inconformidad provocada por ver, oler o percibir el tufo perpetuo a perro muerto, que rodea a muchos de los asuntos cotidianos debe ser el adjetivo que no dé tregua al aire que insiste en convertirse en ambiente.
Que la filigrana en el lenguaje no sea la excusa para el diálogo acuciante, vamos pues a regodearnos de la “Alta traición” de Pacheco quien desde entonces venia advirtiendo que la palabra en general y la poesía en especial pudiera ser la forma de resistencia contra la barbarie.
Hagamos pues del eco de aquellos que nos insisten en la leída el concreto sobre el que transite la imagen y efectos destructores de la naturaleza humana, no con el morbo del espectáculo lúdico de la miseria enternecedora sino como un acuse desde el cual los suspiros provenientes de la oscuridad de la indigencia fundan la decepción y la esperanza demandante de acción en contra del hartazgo, que sea la memoria la huella afectiva que nos tropiece a partir del pretexto de la palabra.
lunes, 29 de marzo de 2010
Los capítulos arrugados de Dios.
Más de una década tuvo que pasar para que los Legionarios de Cristo aceptaran pública y oficialmente haber solapado, engañado, abusado y lastimado tanto a justos como a pecadores.
Los crímenes de su fundador Marcial Maciel Degollado, quien en 1946 recibió “la bendición” del papa Pio XII, contaron con el encubrimiento jerárquico católico por considerarse este tipo de actos aberrantes “materia de secreto pontificio”. Sustentados en el “voto privado” (prohibido criticar a los superiores) nadie en la estructura de los Legionarios de Cristo abrió el hocico para señalar, impedir o evitar el daño causado por su Superior y fundador, quien bajo dichos mandatos decretó cerrar ojos, nariz y oídos ante los abominables crímenes por él cometidos.
El Vaticano, de su parte, en un documento llamado “Crimens sollicitationis” hace jurar a los obispos mantener el secreto sobre cualquier asunto de abuso sexual cometido por sacerdotes, bajo pena de excomunión.
Recibir la “bendición papal” en un contexto de reordenamiento mundial resultó el visto bueno para derrochar el pútrido instinto bestial del también fundador del Instituto Cumbres. Como ironía siniestra de aquella bendición se recuerdan con facilidad algunos elementos que la historia ha enfatizado del ejercicio nazi-fascista: en 1946, por ejemplo, se estaba dando por terminada una de las etapas más terribles de las que la memoria dé cuenta, empero con la derrota del nazismo y suicidio del llamado “anticristo” (Adolfo Hitler) la representación de la miseria humana en un solo hombre no terminaba.
Dos años antes de que la muerte alcanzará a Marcial Maciel, y de frente al escándalo incontrolado de sus porquerias que pasaban a ser del dominio público, la pederastia emanada de Maciel obligó al Vaticano, a través del papa Benedicto XVI, a “invitar” al decrepito sacerdote a retirarse de la vida pública y dedicarse a una vida de oración y penitencia... pero, dejando en las tinieblas de los pasillos del Vaticano, las catedrales, las capillas, los conventos y la propia justicia de los estados nación, la reparación infringida a los lastimados, que no podrán encontrar expiación ni con vida ni con muerte.
para no variar las múltiples denuncias de abusos cometidos por este y otros tantos sacerdotes en varias partes del mundo no han cesado. En la declaración del escándalo y el encubrimiento más de dos, con toda seguridad de la misma calaña del miserable michoacano, se estarán cobijando por el encubrimiento ofical y bajo los artilugios y engaños que sin pudor continuarán profesando a inocentes e ignorantes que se acercan a cualquiera de estas siniestras congregacionesen la búsqueda del perdón a sus pecados...
En este contexto la opinión pública nuevamente encuentra paladines, ahora en el rubro de juicio moral -otrora político-, que indica cuáles son el conjunto de argumentos que debiesen incluir o escuchar en el “juicio” que se construye en el imaginario social respecto a este nuevo capítulo de la historia de la iglesia católica, apostólica y romana.
El aberrante comportamiento de personajes como Maciel cuyas evidencias también cuentan con precedentes que datan de historias orales de tantos otros pueblos rinconeros a donde simplemente se trasladan o envian a los acusados de abusos y crímenes comentidos en contra de aquellos que consagran debajo de sotanas ajenas la ignorancia y el perdón de sus pecados. Esos actos seguirán contando con el aval, no sólo por la omisión de las enfermizas razones de las cúpulas eclesiásticas, sino también por el solapamiento que la justicia del Estado “laico” otorga condescendiente.
Así los renglones de esta historia inician la "escribida" de un nuevo capítulo pederasta sustentado en la retórica mística e hipócrita de quienes interpretan a San Pedro. El preámbulo respecto a los crímenes de Maciel, comienza con el inicio de la implementación de una estrategia que apuesta por el olvido nacional, pidiendo perdón, arrepentiendose para que todo siga igual o peor, pues por algo han seguido avantes por los siglos, de los siglos… amen.
jueves, 18 de febrero de 2010
Cuatro minutos por la independencia
El llamado que nuestro hijo “pequeño” hizo desde su cuarto por la mañana era para que su madre le llevara su acostumbrado vaso con chocolate: la “titi ate”, como él le nombra desde su incipiente lenguaje oral y que desciframos fácilmente desde los monosílabos que reproduce. La dependencia de la mamila se la “quitamos” hace un par de meses, a cambio su negociación fue hacerse de un vaso de los llamados vasos entrenadores, que para el caso debe ser la misma cosa. Sólo que ahora se lo toma sentado mientras que con la mamila lo hacía recostado sobre su almohada en una envidiable maestría que se pierde por insistencia de los adultos con el pretexto de la independencia, ¿qué dijeran los bebés ante esta pérdida obligada?
Aquel grito fue entonces el despertador de esta mañana, aunque también lo ha sido de tantas otras, debiera decir nuestro acostumbrado despertador de las últimas semanas ha sido el pedido de la titi ate…. Medio adormilado, sólo para entretenerlo e intentar hacerlo olvidar, le pregunté -¿qué quieres? Su edípica, pero también envidiable respuesta fue un grito, llanto, petición, reproche: ¡tú no, mi mamá! Por segundos el silencio llegó, ambos esperábamos que la mentada madre hiciera algún despliegue de atención.
Ese diálogo había comenzado desde semanas atrás, exactamente cuando su madre se convenció, y decidimos, que era tiempo de sacarlo de nuestra recamara; con ello, según las recomendaciones de no sé quién; el de los gritos-distinguidos, comenzaría la segunda o tercera etapa de su proceso de independización. Supongo que la primera ruptura fue el corte quirúrgico que le hicieron a su cordón umbilical, después vinieron las intentonas por desaparecerle las mamilas, quitarle los pañales a cambio de los también pañales entrenadores.
En otro momento llegaría la insistencia multifamiliar porque diera sus primeros pasos; con ella vinieron las innumerables caídas, que derivaron acuciosos análisis quiroprácticos donde hasta el jardinero y el carpintero incluyeron sus perspectivas análiticas (faltaba más). Todos los participantes en aquellos coloquios de gran alcance planteaban sus propias teorías e hipótesis; unas más prolongadas y sustentadas que otras. Pero, en el fondo todas ellas sugerían explicaciones de aquel andar irregular: las caídas pues.
En la diversidad de aquellas ponencias cotidianas recuerdo también los diagnósticos ortopédicos alternativos y de justificación hereditaria de una ascendencia de segundo nivel desde la ramificación maternal. Estas opiniones fueron presentadas con una habilidad magistral que enturbiaba los bisoños planteamientos freudianos del jardinero. La cosa era encontrarle al de la titi ate cualquier parecido físico, gestual o de personalidad con cada uno de los miembros de la ramificación maternal. ¿lo independizamos, lo asemejamos o lo entrenamos? Afortunadamente cuando las caídas cesaron los contrastes músculo-esqueléticos también.
Con el paso de los días, las decisiones con respecto a la educación de nuestros hijos se han sustentado en lo que según las múltiples recomendaciones de conocidos y extraños de lo que es mejor para los niños en cada una de sus etapas de crecimiento, inclusive de quienes no han tenido en sus manos jamás a un bebé ni lo que implica el cambio de un pañal que no pudo detener el producto alimenticio líquido y procesado por un estómago infantil. La cosa era opinar y dar línea para la educación o el entrenamiento.
Así una y otra de las recomendaciones versaban sobre lo que hay o había que hacer para ayudarlos a crecer y sobre todo para ser independientes. ¿Será que la independencia de los hijos llega sólo por sacarlos de la recamara? ¿Es una decisión que les beneficia? ¿Es una forma para dormir un poco más? ¿Es un intento de vuelta a la privacidad y la intimidad desde la cual se procrean aquellos que después se insiste en alejar con el pretexto de su independencia? Tampoco sé si esa o la otra son buenas o justas razones. Tampoco pretendo desarrollar y justificar nuestras decisiones desde ningún análisis freudiano… sólo apuntar algunas de las peripecias que ni cuenta se dan los niños hemos hecho en la búsqueda o fomento de su independencia.
Mientras el silencio se hacía presente entre una respuesta y otra. La televisión también hacia lo suyo, se encendió a la hora que la hemos programado para hacerlo, así que no es su culpa, finalmente es un aparato que se programa a partir de los deseos de sus propietarios. No hay entrenamiento sólo un click por aquí y otro por allá y ¡listo! la TV obedecerá. Eso y aquello entonces sólo son parte de lo que nosotros mismos hemos aderezado a la cotidianeidad de cada amanecer. La búsqueda o el fomento de la independencia, el caminar, el comer, el baño ¿serán aspectos de un click costumbrista, sublime, simbólico, social o familiar?
El ruido en casa comenzó a despertar a todos los seres vivos que la cohabitamos. Yo insistía en mantener mis ojos cerrados, pero las imágenes en mi mente se hacían cada vez más nítidas. Mi mujer jaló las cobijas cubriendo su cara y destapando sus caderas.
Las mascotas que nos acompañan son un par de perras: La Tesis y La Caqui; también tenemos una gata. Esta felina “miembra” de la familia fue un obsequio de algún viejo amigo de mis suegros; a propósito, ahora recuerdo que aquel viejecillo también abonando al contraste y a la búsqueda de parecidos familiares y hasta de políticos de moda. El parecido ideológico lo encontró en algún berrinche de los tantos que los niños y los políticos soberbios continuamente escenifican, en particular de aquel desaforado que antes de convertirse en el presidente legítimo se le adjetivaría como un peligro para México, resultando menos dañino que aquel que le ganó por una nariz la silla presidencial. Las tres bestias domesticadas –no el viejito que regalo a la gata, tampoco el político berrinchudo, ni el espurio, mucho menos el de los gritos distinguidos, sino las dos perras y la gata- comenzaron a solicitar desde sus instintivas formas de comunicación la atención que se han ganado como miembros mantenidos de esta familia. Los ladridos y ronroneos ya eran parte de nuestro amanecer, ¿será esa la razón que justifica su manutención? Hasta ahora no les conozco otra gracia…
Estamos en la primera semana de enero, el clima de invierno en la costa californiana es duro, aunque tolerable hasta que no llega el jalón de las cobijas de mi mujer y me deja al descubierto, pies, espalda y todo lo demás. A pesar de esa algarabía, la hora: 5:42 AM.
Los primeros rayos del sol se comenzaban a filtrar a través de las persianas y el despertar innumerables pajarillos cantando que llegan desde las pelonas ramas de uno de los árboles plantados en el pequeño patio trasero, también servían de contrapeso al silencio que cada vez se alejaba de mi cama. Sin alusión pirata poética sino en una narración de lo absurdo, los cantos y los llantos silenciaban el sonido que provocan las olas al romper en la playa cercana. El rumor se logra escuchar durante algunas noches hasta nuestra cama brandnew así que tenemos un activo variable que resulta ser una compañía silenciosa durante aquellas etapas de romanticismo apresurado de no pocas noches memorables que se entretjen de vino tinto, largas pláticas, secretos y fantasias compartidos. En ese mueble y en aquellos momentos además de hijos hemos hecho el amor ¿El secreto puede ser una inteligible idea compartida o cada quien percibirá lo que le venga en gana?
La irresponsabilidad de mi madurez trasnochada me decía: todavía te quedan algunos minutos, ¡aprovéchalos! Mi hijo el “mayor”, con sus nueve años, ya esperaba en su cama, simplemente que le dirigiera el llamado acostumbrado. Él ha asumido que al nombrarlo por las mañanas las siguientes acciones que deberá realizar son levantarse, ponerse su uniforme y esperar sentado a tomar su desayuno. El desayuno ya debería yo mismo estárselo preparando. ¿Eso es obediencia, instrucción interiorizada, coarción u obstrucción a la libertad y el sueño? Ya lo había escuchado levantarse y pasar a su baño. Cuando eso ocurre sé que él ya está listo para iniciar su día. Sin duda es más responsable que yo siempre y cuando no tenga el Play Station 3 frente a sus ojos. Reacción pavloviana derivada de su comportamiento anual previo demostrado.
En ese momento, ahora recuerdo repetido en tantas otras mañanas, decidí que extendería la modorra. Mientras estiraba los músculos de mis pies pasando a la cadera y concluyendo con mi espalda –es el ejercicio que últimamente realizo; las largas carreras matutinas en trote o en bicicleta se han detenido desde hace algunos años, ya volveré a ellas.
A mi lado, la espalda de mi mujer acurrucada sobre su costado me sugería ser el convexo de su cuerpo, pensé que al cabo todavía teníamos algunos minutos por delante. Así que apretuje mi pelvis a sus caderas descubiertas. Como pude jale las cobijas que me habían sido robadas cubriéndome mi espalda y entrelazando mis pies con los suyos. Mientras se acomodaban nuestros cuerpos entre el cóncavo y el convexo respectivos, debiera decir mientras la estructura de acumulación grasosa que envuelve mi abdomen se acomodaba en la espada de mi mujer, una especie de rugido que percibí como ronroneo salió de su garganta. Por supuesto, no era el preámbulo de un romanticismo mañanero, mis pies estaban fríos…
5:44. Cuando me encontraba apretujando el cuerpo de mi esposa tomando sus caderas entre mis manos, un calambre en mi espalda asentuó el retortijón clásico matutino, el proceso fisiologico habia comenzado. Todavia insistente,como buen taurino, traté de aprovecharme de esos minutos extendidos de la noche o los primeros robados de la mañana, el tap tap tap de unos pasitos se escucharon con velocidad aproximándose a nuestra recamara, de un golpe empujó la puerta y continuó su carrera hasta treparse en mi espalda, que ahora era parte de una especie de lápida sobre el cuerpo de su madre.
La razón ajena de promover la independencia de los hijos, ahora me demostraban la permanente búsqueda que “los independizados” hacemos permanentemente, mientras más alejados estamos más intenso y veloz es el retorno. Es probable que esa razón también haya sido la causa de salir o ser expulsado, primero en mi niñez, de la recamara de mi “ama”, después, en mi adolescencia, de su casa y tiempo después, en mi juventud, de una ciudad y otra; de aquellos lugares y en aquellas alocadas búsquedas lo encontrado nunca fue predeterminado, siempre llegó por casualidad.
Por cierto, la salida de mi mujer de su casa también llegó como el inicio de la partida de sus demás hermanos, alguien tenía que hacer punta, una especie de réplica de “cuando los hijos se van” o debiera decir en las actuales condiciones sociales y económicas “cuando los hijos no se quieren ir.” La pregunta espontánea de mi hijo no esperó al ver aquella escena de masoquismo aplastante: ¿Qué haces arriba de mi mamá?
A pesar de la casualidad, los amaneceres y los pájaros, siempre han estado ahí, ahora compartidos con los gritos y el sonido de los piececillos descalzos de mis hijos, los que a propósito cada vez se hacen más fuertes, más sólidos, más firmes; seguramente algún día los escucharé alejarse. Pero como no aludiré el melodramatismo del adiós, eso llegará sin duda en la senectud espero no estarlo contando mucho menos narrándolo, antes me muerdo un blogg.
Los ladridos y los ronroneos también son sonidos que en onomatopeyas conocidas son parte del lenguaje infantil desarticulado. Los sonidos no se irán, pero la edad de mis hijos sí lo hará, sus años también se irán junto con la estúpida razón de la independencia y la intimidad que alguien sugiere buscar. Todos ellos han sido los sonidos e imágenes que persisten en mi mente cuando aún ni siquiera abro los ojos.
He decidido, al concluir esta catarsis bloggera que a las 5:40 AM y después del primer ruido abriré mis ojos para que ni una sola de las imagenes que las origina se me escape; intentaré ver cada uan de ellas con la claridad que las lagañas me permitan; mientras, mejor preparo el desayuno, saco a los perros, tiro la basura (la mí y la de casa), ¡ah! y a tambien paseo a la gata y, por supuesto, beso a mi mujer, al fin y al cabo que otra noche llegará y por la mañana disfrutaré de la cotidianeidad que provoca y chance, en una de esas, decida salir a correr o pasear en bicicleta.