domingo, 22 de agosto de 2010

Domingo por la mañana

Sin saber las ideas que le reverberaban la cotidianeidad aparentemente volvieron a sus espacios de contacto e intercambio.


La madrugada cortaría los humores alejados dando paso a que se hundieran los desaciertos del silencio, la omisión y el descuido.


Los bostezos acortaron la distancia de las camas y las sorpresas preparadas ocultaron el tufo del tequila.


Los anuncios matutinos señalaron el cierre de un periodo que en realidad nunca se ha iniciado o ha tomado rutas que sólo se recorren en contrasentido.

sábado, 21 de agosto de 2010

Callar

Cuando el uso de la palabra en este espacio se deriva del desencanto, la palabra podrá tomar venganza y no volver a acompañarnos en otras condiciones. Por lo que en este momento evitaré su explotación o excusa para desprenderme del hartazgo. Es tanto éste o aquel, que por momentos alguna nota así se pronunció y se extendió en la blogsfera.


¿Quién por voluntad deseará escuchar un desahogo extraño?


¿Quién en su parsimonia o vocación se convertirá en la virtualidad de un paño que se webiza?


¿Quién merece perder el tiempo en el reparo de la lectura de la opacidad del otro?


Es mejor, entonces esperar a que los tsunamis patológicos ajenos que impactan la cotidianeidad disminuyan su arrastre. Aunque sin detalle y sin explicitación la alusión y el desahogo han llegado.


Abur