viernes, 27 de mayo de 2011

Litereando ligeramente... o baboseando en la paranoia ajena



Cuando lo pensado, vivido o imaginado puede ser registrado en la memoria del papel y las palabras se eternalizan al escribirse ¿se trasciende de uno mismo? o ¿en la apatía y el desde a la lectura ajena se eternaliza el olvido? ¿Escribir y compartir debieran ser verbos y acciones inseparables?

Abusar o aprovechar lo escrito de otro, junto con la simplicidad interpretativa que con frecuencia hago de lo leído, me sirve para confirmar que aquello escrito acompaña, comparte e intercambia sueños, fantasias o mentiras de uno y otra; me refiero a los personajes de una y otra de aquellas novelas, cuentos, narraciones, obras que por error y para su mala fortuna caen en mis manos.
En aquel trasiego, por momentos se comparte, además de una historia falsa o verdadera, la inquietud, la paradoja y, quizás también, el sentido común que explica realidades o virtualidades donde se mueven personajes, actores, hombres, mujeres… se puede ser quien se quiera ser.

Así –creo- los escenarios construidos o autosugeridos serán los espacios que condicionen o determinen las acciones, los resultados y las consecuencias (entendiendo y diferenciado entre lo mecánico y lo humano de las consecuencias frente a los resultados) interpretación que como tal resulten fallidos o erróneos para aplacar inquietudes.

Sin embargo, son las reacciones y las impresiones (junto con la esperanza y la persistencia) las que definen las decisiones o así debiera ser.

La ironía de las realidades que uno y otra viven (los personajes de las mil novelas no leídas) provocan que la materialización de los sueños y el impuslo de las fantasias siempre sean (o puedan ser) una opción en la virtualidad construida y ofrecida (por momentos o por instantes) en los chats, los e-mail o los in-boxes, aunque esto también puede llevar a que las consecuencias se externen en las ambigüedades de ella o que lo efímero del clic o el ping permiten sentir un palpitar diferente al cotidiano, pero que se desvanece al instante en espera del siguiente, hasta que cesan –dicen.

En cada uno de los pings se siente el click que transforma a quien lo escucha y a quien lo lee y sobre todo a quien lo escribe o lo provoca.

La realidad se transforma en la incertidumbre de las acciones, las reacciones y los resultados.

La distancia –dicen también- desaparece en la virtualidad.

Si aquello es cierto, entonces cómo explicar, cómo entender o cómo aceptar que al abrir los ojos o al voltear hacia cualquier lado, no se encuentran aquel y aquella (personajes de las cien novelas)…

sábado, 16 de abril de 2011

De la basura al infierno en un dos por tres

Escudriñar entre las sobras y la porquería de la basura sólo demuestra lo que encierra el alma de las manos que revuelven. Buscar y escudriñar basura sólo es un acto de maldad. Caer en el infierno de las paranoias debe ser como pasear en los desechos del alma en las manos de la miseria...


En realidades incomprensibles, y con pretensiones incompletas, encontrar las palabras que clarifiquen las sombras del hartazgo compartido, me obligan a aceptar nuevamente que, como muchas veces antes, tal pretensión no resultó convincente. La retórica sólo representó esfuerzos desarticulados e insatisfactorios.

Sin comprensión absoluta ni intersticios de fuga, el olvido permanentemente aun no llega a través de las palabras. Irónicamente, todas ellas se perpetúan junto con la inquietud y la desesperanza con la que me intento acomodar en la almohada que se niega a recibirme. Se fortalece así el desinterés compartido por reposar juntos: el silencio del sentido común y la carencia del antídoto para suspender o aminorar la búsqueda paranoica por encontrar evidencias del engaño ajeno.

Al reiterar la lectura y en una frenética corrección permanente, la cotidianidad abre así las puertas de par en par a la "semana santa". Con las puertas a modo entran las vacaciones, pero también damos la bienvenida "aguevo" a la porquería desparramada por las manos insatisfechas, embarradas y salpicadas por lo no encontrado. Se escurren entre los dedos líquidos inmundos con sabor a locura e insatisfacción... el sueño (se detiene) le vence y las palabras se detienen (se vencen).



¡Feliz periodo vacacional!

sábado, 29 de enero de 2011

Una mordida a la esperanza.

Después de un lapsus brutus que endoso, en primer lugar a mis propias patologías; y en segundo, a la sorpresa esperanzadora del “wikileaks” y a sus posibles repercusiones endilgadas equivocadamente al despertar de la conciencia colectiva, me llevaron a un paréntesis vacacional prolongado desde las noches de Las Posadas y las cenas navideñas interminables hasta el persistente y ofensivo impacto del proceder del “Estado” o el sistema de coerción en contra de la libertad de expresión y del sistemático ocultamiento a los gritos de “justicia” en nuestro país y por el mar de sangre que de manera inagotable inunda los traspatios y salpica los rostros de la vergüenza y del miedo.

Se demuestra una vez la implacable capacidad que tienen los esbirros del sistema para la construcción de respuestas mediáticas leoninas y convenencieras que expelen intereses mezquinos sin vergüenza (me refiero al asesinato de Marisela Escobedo y Susana Chávez en Cd. Juárez); y por supuesto al difundido caso de violación en el cual se acusa a uno de los herederos de la parafernalia “artística” televisiva.


Ante el descaro de las obscenidades inaceptables me remito a lo siguiente “Es el pueblo el que se subyaga el que se degüella, el que pudiendo elegir entre ser siervo o ser libre abandona su independencia” (Étienne de La Boétie). “Si se calla el cantor muere el espanto, la esperanza, la luz y la alegría…” (Horacio Guarany)


En un par de textos de opinión recientes se alude a un trabajo que sirve para sostener la crítica sobre al conformismo social observado a lo largo de la historia universal. El trabajo es el denominado “Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el Contra Uno” de Étienne de La Boétie. Este trabajo sostiene, entre otras cosas, que la política ha arrancado a los hombres el deseo determinado de ser libre enfatizando que el hombre no ha puesto mucha resistencia para que esto ocurra.


A lo largo de la historia se observa la manera en que la expansión geopolítica de Occidente se ha sometido la mayoría de los obstáculos con relativa facilidad. Dicho proceso ha tenido su punto de apoyo en el las ambiciones imperialistas existentes, en particular, durante el siglo XVI. La expansión hegemónica que ha resultado, con sus respectivas adecuaciones o transformaciones, ha continuado hasta nuestros días. En el continum histórico se evidencia la manera en cómo han surgido eslabones impuestos a las razones de la triada libertad, igualdad y fraternidad. En síntesis, los eslabones (auto)impuestos ha restringido la espontaneidad natural de los individuos.


Durante la primera etapa de expansión occidental, el flujo de sangre y los genocidios derivados sirvieron para sostener la encomienda de conquista e invasión; la segunda etapa de expansión (siglos XVIII y XIX) se consolidan, a partir de la revolución burguesa e industrial científico-técnica, otros pilares o “razones culturales” que promueven o “justifican” la pasividad social. La tercera etapa, iniciada también durante el siglo XIX, extiende sus repercusiones hasta el día de hoy sin desdeñar los primeros eslabones ideológicos, culturales y religiosos heredados de las etapas previas a la modernidad.


Lo cierto es que las prebendas otorgadas a los individuos y a los pueblos conquistados han sido (y siguen siendo) limitadas. Las sociedades y países del “tercer mundo” han sido considerados implícitamente territorios sin cultura, pueblos sin historia y espacios atiborrados de seres primitivos, pero poco e irregular ha sido el reclamo.


En este marco, es cierto que el proceso hegemónico de los imperios ha tenido en la interiorización de la pasividad individual y colectiva las facilidades a partir de las cuales se impulsan y se consolidan sus más desatinadas ambiciones; sin embargo, como seres poseedores de capacidad de raciocinio debiéramos estar transitando, hacia la recuperación de las manifestaciones de resistencia y de defensa de la vida; todo ello desde una dimensión individual y personal hacia una colectiva y social.


Siendo la búsqueda de supervivencia una condición natural en la mayoría de los animales que existen sobre el planeta; esto no es una perogrullada; basta aludir al momento en que cualquier animal se enfrenta a su captor todos (subrayo todos), hasta los más brutos, luchan, muerden, pican, dan coletazos, patean, todo ello pese a su vulnerabilidad, debilidad o diferencias de fuerzas; todos los animales han desarrollado sus propios mecanismos de defensa. Desde la perspectiva socio-histórica, la realidad es que la promoción del miedo, como antecedente de la coerción y la (auto)censura, han permitido que las ambiciones desbordadas no encuentren ningún tipo de limitación para su desarrollo, a tal grado que la resistencia individual ha dado paso a la pérdida de la dignidad sin que se repare en tal comportamiento y alineación de una brutalidad social.


En nuestra cotidianidad, la razón, la palabra, el diálogo y la crítica han dado cabida a la sumisión, la docilidad y la cobardía; todo ello ante la amenaza, la coerción, la cárcel, el destierro, y, en el peor de los casos, el asesinato (la muerte). No se trata de un llamado a la respuesta violenta del “ojo por ojo” ni de subrayar burdamente el dramatismo mediático irracional, sino se intenta a través de la palabra mantener el suspiro esperanzador de la construcción compartida de una advertencia a la razón la cual se ha alejado de muchos o todos los espacios de convivencia colectiva donde debiera avasallar la verdad y la probidad, teniendo como constante las sombras que sostienen una frágil mordida de esperanza, muchas veces discursiva y no pocas veces ajena a la praxis de unos y cada vez menos de otros.


Salven las demandas de justicia a pesar de la insensibilidad, la parálisis pública y la falta de orientación de las acciones de política en materia de seguridad; salven las sonrisas y las esperanzas a pesar de las lágrimas que nublan por momentos los suelos y los sueños… “ni una muerta más”, “ya basta”, “no más sangre”, "te disculpas y te vas", vida y seguridad”, etc. sean consignas de un pasado que no se olvidé.

Publicada en la-ch.com y una versión erducida en el Frontera 25 de enero del 2010

lunes, 10 de enero de 2011

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Postigo y yo (Violencia y jóvenes)

A partir de una etapa que no depende necesariamente de la cantidad de canas que se posean o de la profundidad de las arrugas en el rostro; pero que, axiomáticamente, coincide con el cambio del llamado de “oiga joven” al de “señor Fulano” o “don Mengano” se comienza a ver a los otros: hombres y mujeres, de manera diferente. La diferencia a la que me refiero no marca distancia o heterogeneidad generacional; la diferencia se expresa en el respeto, tolerancia y consideración de las ideas divergentes en ambos lados. Esto aunque verdad innegable, resulta ser en los últimos años simplemente una falacia, una ironía descarada que encuentra en los discursos insulsos el opio social consumido dócilmente.

Esos otros, que siendo aun menores, con menos años –muchos menos- de quien esto escribe, coinciden con las preocupaciones que se han subrayado en otras ocasiones en esta columna.

Los jóvenes hoy agraviados por la negligencia de los gobiernos neoliberales en general, y de las administraciones panistas en particular, convidan los asuntos comunes de los jóvenes de hace medio siglo. Unos y otros, ayer y ahora, acusan, desde los propios vacíos a los que se les ha remitido, los escarnios y la falta de oportunidades no de empleo y educación –ya que subrayar sólo estos resultaría frivolidad mediática; este fin de semana el acuse que levantó la voz de algunos de ellos en todo el país fue por el derecho a la convivencia y a la vida misma.

A pesar de esas voces, las actuales demandas también son expresadas en el silencio de muchos de ellos, en sus miradas vacías y, en no pocas ocasiones, perdidas por el miedo a salir a las calles, o extraviadas, en el peor de los casos, “olvidadas” durante el consumo de “cristal”, “tachas”, “pastas”, “XTC”, anfetaminas (Drogas sintéticas). ¿Quién no ha observado los ojos lastimados o perdidos por las lágrimas sostenidas en algún jovencito? Muchos de estos tragando su llanto y alimentando el desagravio con el dolor reprimido. A estos jovencitos lastimados se le ha prohibido, además, expresar sus sentimientos de otra manera que no sea a partir del uso también de la fuerza.

¿Cuál es la expresión de reclamo de una u otra de las situaciones a las que tienen opción cuando se enfrentan a la pérdida del compañero de clase, del vecino, del amigo? Son “bajas colaterales” ha sido la respuesta “oficial”. ¡Ni madres!... ¡Ni padres! les quedan a los 2,500 niños huérfanos en Cd. Juárez (tan sólo).

El México que observan desde Los Pinos no considera el incremento de ese mismo grupo de edad en los espacios de las cárceles en el país. El habitante de Los Pinos y sus secuaces no ve como relevante el 600% de incremento de feminicidios en los últimos cuatro años en todo el territorio nacional. Para quien conduce la lucha contra el crimen organizado el creciente índice de espacios ocupados en el panteón, por hombres y mujeres entre 15 y 24 años de edad caídos en el “fuego cruzado”, son asuntos insustanciales como para decidir por la integralidad de una estrategia que considere en el mediano y largo plazos otras opciones o al menos alguna opción en el estricto sentido.

Ante estos manifiestos contundentes de violencia los absurdos descarados de política pública aprovechan la expresión simbólica del conformismo patriótico cultural, histórico y negligente de no pocos mexicanos lo cual constituye una triada que se fortalece con el egoísmo social en el que interactuamos. Sin embargo, lo cierto es que la voz de aquellos que apenas se escuchan tampoco son pocos.


Publicado en el Frontera 16 de noviembre del 2010.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Cambio de rumbo (Postigo y yo)

"Eran no más de las diez de la noche cuando un grupo de encapuchados entró tirando bala, matando e hiriendo a todo aquel que se cruzaba por su metralla.” Así se han leído en no menos de cinco ocasiones notas periodísticas que no generan ninguna sensibilidad en quienes empuñan las armas detrás de sus escritorios y continúan ordenando mantener la lucha en favor de sí mismos.

La pretendida búsqueda de legitimidad de la administración espuria durante el primer año, encontró en el discurso de la lucha contra el narcotráfico la justificación para sacar al ejército a las calles. Hoy la atrocidad de los asesinatos masivos de jóvenes en distintas ciudades del país, encuentra en el silencio de los medios de información de cobertura nacional y el conjunto de esbirros seudocomentaristas y periodistas, eco de las “filtraciones” o móviles de tales atentados, unos y otros, señalando posibles líneas de investigación que pone a los muertos en el juicio acusador fulminante como las mismas balas que les arrebataron la vida.

La organización criminal es aquella que pretende ocultar las verdades del fracaso de sus estrategias. Con Fecal a la cabeza el descrédito institucional ya no es, en lo más mínimo, materia de duda. Quienes más organizan sus tareas “profesionales” alrededor del crimen son aquellos que han omitido “redimir al hombre y dar orientación a los esfuerzos nacionales” declaraba José Vasconcelos.

Cada vez son más (o debería decir son menos tratándose del número de muertes en relación con la edad) los jóvenes que desaparecen entre los sueños propios y las mentiras de oropel que deslumbran sus miradas. Las intenciones de autodesarrollo que pudieran tener cuando apenas transitan los primeros años de su pubertad se pierden en el anonimato, la falta de espacios educativos, el desempleo, la violencia cotidiana y, cuando peor es su contexto, en la lucha, la huida o la muerte.

No hay que olvidar que desde hace 20 años de cada 10 jóvenes que egresan de la secundaria sólo 4 ingresan a la Educación Media Superior y de esta misma cantidad de jóvenes, hijos del modelo neoliberal y entenados de las crisis, sólo 22 de cada 100 ingresan a la universidad. Guevara Niebla le llamaba “la catástrofe silenciosa”; sin embargo, el silencio ha cedido su paso al estruendo de la metralla y no revolucionaria sino de afrenta a la razón. La catástrofe silenciosa hoy se fortalece del discurso de modernización y de alianzas para la calidad en la educación.

Las cacareadas nuevas reformas implementadas en todos los niveles educativos, los cambios desordenados en los contenidos y materiales didácticos (libros de texto), la inclusión en las aulas de costosos e inútiles (ahora olvidados por obsoletos) programas basados en las nuevas tecnologías (Enciclomedia) de poco sirven cuando de resultados se trata.

No se trata de resultados en el dominio memorístico de contenidos sino de las habilidades básicas socialmente necesarias para sobrevivir y convivir. El dispendio del poder sindical ha generado, en comunión con la desidia y la indigencia mental de funcionarios públicos, la inoperancia de las instituciones encargadas de ofrecer seguridad y oportunidades.

Dos pilares básicos de la convivencia: la educación y la justicia se han subido al navío que naufraga irremediablemente en el mar de sangre que ha llegado a los pies de casi cualquier hijo de vecino, sin que exista posibilidad o voluntad por cambiar el rumbo. La impunidad y desorden existente en las instituciones públicas seguirá siendo el viento que impulse las causas de la política calderonista sin que ningún dejo a la vista permita un mejor arribo… vamos cambiando el rumbo.

Publicada en el Diario Frontera 2 de Noviembre del 2010 

Incompletas

Creo que es el nombre...

domingo, 5 de septiembre de 2010

Olores de ciudad

Entre las imágenes que me acompañan me viene a la mente aquella desaliñada apariencia a partir de la cual -supongo-, pretendía ocultar el contraste armónico existente entre sus ojos café claros enmarcado por unas líneas más oscuras que se intensificaban con sus manifestaciones de inquietud, a las que yo percibia mientras su mirada cruzaba mi dispersión. Mi presencia en esta tarde en estos lugares me golpea con tanta familiaridad que pareciera que nunca me hubiese ido de aquí. Creo que esta sensación sólo es una prolongada ausencia a pesar de que han pasado algunos años durante los que se han incorporado en su lado y en el mío instantes que han marcado lo que ahora creo ser o tengo que aparentar.

Lo marcado de sus pómulos, las delgadas líneas del contorno de sus labios y la fuerza definida de su cuello parecían alargar y alejarse más allá de las miradas lascivas dirigidas por los buitriantes al resto de su cuerpo. Su mirada en contraste con su rostro no eran suficientes mamparas para ocultar las formas, que por más que intentara desaparecerlas entre trapos y colguijes, se evidenciaban y despertaban la imaginación que impulsaba aquellas miradas lujuriosas. Lo cierto era que para el infortunio de aquella caterva desenfrenada de puñeteros, entre la que por momentos transitaban los aromas y movimientos de su cuerpo, fui yo quien los acogió y que ahora recuerdo con tanta intensidad.  Los recuerdos que no termino de transcribir en detalle serán insuficientes para describir escenarios, ideas y sobre todo los sentimientos empapados en esta ciudad. Los espacios, sus calles y sus olores ahora se me presentan sin cambios como esperando y reclamando una ausencia injustificada.


Desde la sencillez de la entrega mutua en las alturas de aquel sexto piso agregado en el edificio del siglo pasado ubicado sobre la esquina más elevada de lo que fuera la ladera del río y que con los años se ubicó apenas tres cuadras por atrás de la plaza central de la ciudad y del palacio municipal del pueblo. Desde la esquina donde aquel viejo edificio se levanta aún se observa la entrada y salida de grandes buques cargueros que llegan al muelle ubicado a casi un kilómetro. Las imponentes figuras de acero que llegan al puerto y su aparente cercanía desde el raz del suelo alto, en el que viví mientras estudiaba en la universidad, prefiguran la invasión de aquellas grandes moles entre las calles humedas y ladrilladas de la ciudad. Sin embargo, la profundidad que han logrado calar en el fondo del río pemite disfrutar de aquella convivencia de acero, concreto y agua. Y ahora recuerdos compartidos.          


En lo absurdo intento por atrapar las ideas espontáneas que me llegan más de prisa de lo que soy capaz de retener las transcribo en mi agenda y en ese ritmo acelerado se me diluyen entre el intento de concluir la idea y las pausas obligadas del siguiente recuerdo que ya golpea el despertar de mi memoria. Así trascurren los primeros minutos  de mi llegada a la ciudad en la que pasé -no diré la "mejor etapa de mi vida" porque no tengo elementos para un comparativo de evaluación-; sino aquella etapa previa en la cual aparentemente recibiría los suficientes "conocimiento" o informacion formal o profesional para "valerme y sostenerme" palabras de la abuela Renata.

Sentado en el asiento trasero del taxi LTD Gran Marquis que tomé a mi salida del aeropuerto, mis piernas alcanzan a estar comodamente estiradas. Desde aquel  amplio espacio en que que me acomodé, puedo obeservar con detalle las calles, los semáforos, las esquinas y la gente todo ello pareciera ser la misma cosa de hace más de 20 años, cuando salí de este lugar. El taxista me observa en silencio, de vez en vez, complice de mi sorpresa y gusto de mis recuerdos que supongo pudieran ser evidentes para cualqueira que me observara en estos momentos.


Así continuamos, en una aparente compicidad que sólo yo hacia que existiera en la divagación de mis ideas apresuradas. Avanzamos por la única gran avenida que separa al aeropuerto de la vieja zona donde mi familia ha vivido desde la época dorada del Potrero del Llano, aquel pozo petrolero que marco el inicio de una importante etapa de crecimiento en toda esta region del Golfo y la huasteca. Mientras los aromas de la ciudad se filtran, junto con un ligero aire tibio, a través del pequeño espacio de las ventanillas que llevo abajo intencionalmente. Al aspirar al mismo tiempo aquel calor natural y el frio artifical en aquel espacioso asiento  me llegan imágenes de su vestir mezclado de corrientes diferentes de las últimas tres décadas. Casi podría asegurar que en aquella esquina estuvimos tomados de la mano en espera del cambio de luz o de que por ese callejón apenas alumbrado que pasó de prisa ante mis ojos caminamos  una y otra vez esperando sin buscar lo que fuera con tal de seguir evitando que cualquier cosa ajena llegara y se impusiera entre ambos. De eso estuvimos conscientes -creo- en todo momento, o al menos durante el último año de la carrera, cuando las opciones se abrian o queriamos construirlas.

De repente vienen a mi mente, junto con un temor de irresponsabilidad, las reuniones postergadas, mientras escribo una lista grande que no termino de redactar de nombres de amigos; debo decir ahora: viejos amigos, lugares familiares y errores cometidos durante etapas desaforadas que omito intencionalmente. Estas calles parecieran observarme transitar en mi primer regreso forzado después de casi tres décadas, en las que ni por asomo pensé en regresar cuando pasaron los primeros cinco años de haberme despedido con un hasta luego de todos mis amigos, mis hermanos y por supuesto, de Cler. Lo cierto es que quien observa soy yo mismo, las casas, las calles y muy probablemente aquellos amigos ni me recuerdan, no tendrían porque hacerlo.

De nuevo las luces tenues de los faroles de las entrecalles me traen la imagen que me cobija con aquellos trapos que me hacían contemplarla divertido, al tiempo que me sudaban las manos. Al ver que su andar sólido tomaba rumbo hacia donde pudiéramos encontrarnos. No he dicho que cuando nos conocimos cursábamos el segundo año de la universidad.

Lo que resultaba ser la razón de estar juntos, siendo tan diferentes, era sólo mi razón. Para ella su apariencia era un rompimiento con el orden, de ahí que los trapos, la búsqueda de aun no sé qué y el desorden derivado de la angustia de todo y de nada en aquella etapa a la cual se entra cuando tenemos 21 años.

Las condiciones del entorno y los lugares comunes nos llevaron a estar juntos varios años, aun después de haber concluido la universidad; así, la costumbre de vernos se prolongó. A partir de entonces, como cualquier mutante ser viviente los espacios, los grupos, la gente, los horarios, los intereses y tantas cosas más, que determinan las "responsabilidades" de un adulto, comenzaron a ser que nuestros encuentros fueran cada vez menos frecuentes. Las invitaciones para exponer algunas de mis pinturas comenzaba a llegar con más frecuencia. Mis ausencias se hacian cada vez más frecuentes y los destinos más distantes de estas calles. Moverme o trasladarme desde aqui resultaba además de muy costoso perder el tiempo para seguir pintando en el mayor o menor tiempo que tuviera libre. Los mmentos en que pasaba en la ciudad con CLer, se convirtieron en instantes esporádicos, pero eso sí, muy intensos. En esos momentos  no nos dimos cuenta que el ambiente condicionaba las pautas. No eramos los más indicados para determinar la manera en que debieramos llevarnos con los espacios de esa ciudad. Hoy prefiero aquello que no era caos ni desorden, ni dispersión sino realidades que provocan instantáneas de placer que no alcanzo recrear completamente, pero que habían desaparecido de mi horizonte inmediato con la premura de los horarios establecidos por Argelia, mi representante; quien desde hace 10 años determina gran parte de mis actividades y organiza los viajes, y las exposiciones. En sintesis ella determina los encuentros "formales de las responsabilidades del adulto", mientras lo demás espera. Las reuniones programadas para este viernes sólo se trasladaron a la siguiente semana, mi estancia deberá ser breve, el lunes por la mañana ya tengo que estar de regreso en Nueva York.

¿Qué es el orden? sino una utopía. Una entelequia. Una percepción de aquel, del otro. Hay otras razones que puedo sumar en esta ausencia no olvidada, las cuales me sorprenden por su aparente súbita aparición desde el primer día en que llegué a esta ciudad (regresé). Desde aquel momento de adiós que quisimos dejarlo en un hasta al rato -sin ser esto una baratija nostálgica- sé que algunos o muchos al verla podían decir que su vestir era de mal gusto, entonces, supongo que sigo careciendo de él. Porque ¡ah! cómo me gustaba, y ahora que la recuerdo quisiera dejar la emoción y la memoria en las palabras, pero al tiempo sé que de hacerlo la realidad de un pasado que me hace el presente, desagregaría lo bueno y lo malo de ello, así que en mi incapacidad narrativa absoluta me alegro. Las reminisencias posteriores me ayudarán, sin duda, a volver a ella y, al hacerlo, a mi mismo.    

No logro distinguir si los suspiros son mas frecuentes y constantes que los recuerdos o las palabras, por momentos incontenibles uno u otros. Como si hubiera terminado un maratón, sólo que desde nunca he sido un deportista ni siquiera dominguero. Cuando las imágenes se hacían más nítidas en mi memoria mi pulso se agitaba a un ritmo incapaz de controlar. Al revisar la descripción incipiente de los recuerdos transcritos que escapaban de mi voluntad para dirigirlos, detenerlos u orientarlos, regresaban a mí los años, 28 después de aquella tarde.

Tal y como si se tratara de un recuerdo inmediato. Algo que ocurriera apenas ayer mientras firmaba las escrituras de venta del terreno que mi abuelo me heredo. Esa fue la razón que me regresó al puerto. Al bajar del avión, el aire que entró en mís pulmones a través de mi piel inmediatamente golpeó todas las células que le pertenecían, no a micuerpo sino a aquel espacio donde pertenezco. Quisiera poder decir que me sentía tal y como en todos esos años de adolescente en que recorría media ciudad en bicicleta o a pie sólo para visitarla, para encontrarla, para verla.

La distancia y el tiempo no tenían importancia, la ciudad, sus calles la colina la noche la mañana parecían que seguían el ritmo que uno le marcaba. Que extraña resulta esta sensación; sólo en este momento lo he pensado, el impacto ambiental en mi memoria generó una cantidad incontrolable de escalofríos placenteros. Eso me obliga a preguntarme en este soliloquio en el que me encuentro dentro de los espaciosos salones de la gran casa, ahora vacía, de mis abuelos.

La memoria estaba siendo estimulada en estos momentos por los cálidos aires que se filtraban entre los manglares y la tierra húmeda, al mismo tiempo que el aguacero generaba, en las tejas del corredor que circundaba las habitaciones, un golpeteo que por momentos se hacía intenso cuando las fuertes corrientes de aire arremetían contra las ramas de los frondosos árboles que sembraron mis abuelos en el patio central que acorralaba una fuente que en algún momento había servido como pozo, hasta que el agua del servicio público se instaló en la zona. El pozo siguió funcionando durante algún tiempo, pero el desuso, la pereza, la contaminación, la instalación de otros servicios llegaron a la casona; aunque la propia disminución del pequeño acuífero que lo alimentaba fue desapareciendo hasta que lo único que podía obtenerse del fondo era más lodo que agua cristalina y fresca. A pesar de la intensa lluvia y las fuertes corrientes de aire que silbaban en las copas de los árboles y a través de los pasillos, mi frente se empapaba con un sudor que recorría mi espalda y que irónicamente no me incomoda.

Si mi abuelo me estuviera observando seguro estaría riendo y aconsejándome que regresara a esta tierra, así lo hizo en las dos únicas ocasiones en que fui capaz de recordar su cumpleaños, entre el cumplimiento de la agenda que he utilizado durante los últimos quince años y alguna reunión irregular con amigos y menos amigas. Las dos llamadas telefónicas que le hice fueron largas, su voz recuerdo además de sus palabras siempre me reconfortaron. Tan sólo el escucharlo me hacía desprenderme de aquella figura a partir de la cual me he desenvuelto entre oficinas, asambleas, reuniones y decisiones la mayor parte de ellas ajenas a mis intereses inmediatos pero con afectació a no poca gente.

Qué he hecho; durante todo este tiempo o para qué hacerlo si en la agenda las horas hacen falta y las distancias las recorro con el reloj en mano. Los días parecen insuficientes para cumplir con la tarea de ayer, mientras las otras ya esperan y se acumulan.

Regreso por primera vez, sólo para despedir el cuerpo sin vida de mi abuelo ¿o será el mio? Sin darme cuenta la lluvia había cesado y sólo las gotas atrapadas entre las ramas de los árboles mantenian un leve golpeteo rítmico y pausado al caer en los charcos que se acumularon en el patio ahora lleno de maleza y en ebandono. Mis ojos se detuvieron en el cenicero que aun permanecia en el barandal que daba paso a la puerta donde mi abuelo solía acomadar su pipa durante aquellas largas mañanas en que ordenaba y atendía a los peones, rancheros y mujeres que no paraban de llegar a visitarlo para solicitarle sus consejos, pagarle algún prestamo que les había concedido o recibir sus pagos.

Con el tiempo me di cuenta que el pago de los prestamos en efectivo nunca llegaban, la gente solía pagarle con especie, gallinas, guajolotes, becerros y hasta una burra llegaron a entregarle a cambio. Fue doña Carmen quien cumpliendo con su palabra venía a saldar su deuda, la cual había adquirido un año antes, ese era el tiempo que mi abuelo determinaba para el pago de aquellos prestamos, así lo venía haciendo, según me enteré por 40 años, cuando su padre lo dejó a cargo del rancho y las parcelas que le rodeaban.

En aquel momento tenía 25 años, dos años antes de que se casará con Renata la sobrina del compadre de mi bisabuelo.

El teléfono me sacó de aquella divagación, el número era local.

Supuse que se trataba del Notario, decidí contestar -¿Quién habla? Del otro lado un espacio de silencio que me inquieto por un momento, se rompió cuando escuche una voz que con un tono familiar me dijo -Hola Chago. Mi nombre es Santiago Arroyo Martínez, sólo unos cuantos viejos y muy cercanos amigos -ahora más viejos que cercanos- me llamaban de esa manera. El tiembre de aquella voz me dejó mudo por unos instantes. Creí haber reconocido la voz, o así creo haber deseado que fuera desde mi llegada a la ciudad. Era imponsible -pensé en esos segundos de silencio-  ¿Cómo sabría que estaría por estos rumbos? Si había sido un viaje extraordinario y decidido a últimahora pero aún más ¿Cómo sabría mi número telefónico?
  

domingo, 22 de agosto de 2010

Domingo por la mañana

Sin saber las ideas que le reverberaban la cotidianeidad aparentemente volvieron a sus espacios de contacto e intercambio.


La madrugada cortaría los humores alejados dando paso a que se hundieran los desaciertos del silencio, la omisión y el descuido.


Los bostezos acortaron la distancia de las camas y las sorpresas preparadas ocultaron el tufo del tequila.


Los anuncios matutinos señalaron el cierre de un periodo que en realidad nunca se ha iniciado o ha tomado rutas que sólo se recorren en contrasentido.

sábado, 21 de agosto de 2010

Callar

Cuando el uso de la palabra en este espacio se deriva del desencanto, la palabra podrá tomar venganza y no volver a acompañarnos en otras condiciones. Por lo que en este momento evitaré su explotación o excusa para desprenderme del hartazgo. Es tanto éste o aquel, que por momentos alguna nota así se pronunció y se extendió en la blogsfera.


¿Quién por voluntad deseará escuchar un desahogo extraño?


¿Quién en su parsimonia o vocación se convertirá en la virtualidad de un paño que se webiza?


¿Quién merece perder el tiempo en el reparo de la lectura de la opacidad del otro?


Es mejor, entonces esperar a que los tsunamis patológicos ajenos que impactan la cotidianeidad disminuyan su arrastre. Aunque sin detalle y sin explicitación la alusión y el desahogo han llegado.


Abur

sábado, 3 de julio de 2010

Cuento de horror

Cuando los cuentos de horror tienen su origen en los cuentos de amor o cuando los cuentos de amor son cuentas de horror, sólo son los pasos que se arrastran del pasado al presente y del hoy al ayer; mitad pasado mitad presente que se completa en un futuro que debiera espantar. Recuerdo de advertencia de la realidad que se espera y llega cuando se sabe.


But, el espanto it is not cuando se espera, cuando se sabe su aparición la imagen añorada y consiente no causa ningún horror, sino alegría por la seguridad de adivinar.

Amores que se disfrutan por saber; y gozar lo conocido por lo advertido en la conciencia de la experiencia.

Venga, entonces, el amor que advierta y provoque los cuentos de horror y risas...

Nada

De nuevo la paranoia o esquizofrenia de aprehender lo inexistente o lo impulsado por quien reclama aparece en el corolario diurno y comienza la noche.


Sin llamarlos, pero persistentes y contundentes, el sereno y las sombras extendidas en todos los rincones que limitan la mirada, la tarde-noche-madrugada son la sintonía del silencio y el frío que adormece las rodillas. La espera atropella la compañía con la que se llega solo, muy solo, al amanecer; mientras las intenciones impulsan el monologo que se desvanece ante la queja gritada y el engaño que se niega surgir en una realidad invocada existente en la patología que emana del engaño sufrido.


Cualquiera que sea el origen psiquiátrico o genético debiera ¿aceptarlo callado? Sin respuestas, pero con atavismos melindrosos por el hartazgo. El suicidio inmaterial es insoportable. Así, la espera de la muerte ahogando el sentimiento en lo profundo de un recipiente frío y verdeoscuro que se trasluce al vaciar su contenido del petite syrah que lo escucha al besarlo. El transcurrir de los segundos se detiene en la espera de la siguiente palabra y del trago contiguo de una idea que constituya los primeros dejos de una explicación encerrada o limitada por la apatía por continuar y la utopía de aceptar que los mejores días por venir nunca llegarán.


Narrando y navegando en una retórica insulsa por cobarde, la facilidad de decisión llega cuando la locura es la guía. La razón sostiene las palabras encarnando el cáncer que entorpece sin evidencias mas que la experiencia ajena que sólo convierte la mirada y el pensamiento en engaño propio, acusando en otro.


Eufemismo de un “¡lárgate mamón!” que se cambia por el aviso del despido y la invitación esclerótica de la locura de la misma quien propone. En estos casos, la conclusión de algo, que en origen no encontró fondo para enraizar, no es concluyente sino regularidad y diáspora de los besos que no llegaron. Crecer en el vacío es sostener estructuras que navegan en la relatividad del espacio de un conjunto de falsas esperanzas. Lo que la ilusión creyó es un sin razón, su sorpresa sólo es advertencia de lo ajeno.


La resequedad de sus labios apretados también son excusa de un freno que se desgrana en la humedad de sus mejillas. Los dientes aprietan una lengua que inamovible detiene las palabras que romperían aquel silencio. La opacidad en estos casos es preferible al caos del sin sentido que golpearía al error y las culpas que se dirigen al vecino y se alejan del vientre que los parió. Sin embargo, las palabras no dichas duelen más cuando se graban de negro y en Arial sobre el blanco de la imagen. Escapándose por sus dedos las palabras que debieran mitigar la pena sólo iluminan aquel rincón en que se encuentra. ¿Por qué reclamarse? Si a la distancia sé su vida fue eso; la constancia hoy vuelve a recibirse, a graduarse, a tomar su lugar, a escribirse; simplemente se obtiene lo merecido: nada.


Simplemente, nada...

miércoles, 26 de mayo de 2010

El país de las escondidillas (Postigo y yo)

El esconderite o las escondecucas ha sido una forma en que los niños de la mayoría de los pueblos han desarrollados procesos de socialización e interacción. Las reglas muy simples: Los participantes buscarán un lugar donde esconderse, entre ellos seleccionarán una piedra, un poste o un árbol como el punto de “salvación”. Uno de los participantes será el encargado de encontrar, después del canto de una cuenta numérica, al resto de los niños. La selección de los mejores lugares para no ser encontrados puede garantizar el triunfo.

Una variante de aquel juego se percibe desde hace tiempo en el escenario nacional. Así, se observa como el esconder evidencia; tirar la piedra y ocultar la mano; perder el rumbo y omitir los procedimientos; disimular realidades por grotescas y ofensivas, son unas y otras parte del decálogo de la práctica de la cotidianeidad pública y privada. Se pudiesen contar tantas historias oprobiosas y absurdas para la inteligencia popular. Sin embargo, sólo mencionaremos algunas evidencias de esta parodia.

El resultado del caso de la niña Paullete quien increíblemente se perdió o se escondió su cuerpo en un pequeño espacio de su propia cama, lugar donde muere de abandono lleva, al remedo del gobierno de Peña Nieto, después de nueve días a declarar que Paullete Gebara Farah murió por “accidente”.

Mientras aquello se declara, Felipe Calderón también hace lo propio. Fecal esconde su sumisión detrás de los aplausos recibidos en el Capitolio de los Estados Unidos; en su “bravucona” declaración en contra de la Ley racista de Arizona, cuando menos de 48 horas después declara a través de la secretaria de relaciones exteriores Patricia Espinoza que el gobierno mexicano rechaza el boicot económico propuesto por particulares hacia el estado de Arizona. Calderón seguramente olvidó que los particulares son por lo menos descendientes de mexicanos; muchos de ellos tienen madre o padre mexicano, pero nacieron en EUA. Fecal, esconde a través de su desmemoria que en ese momento y durante la guardia de honor que realizó frente a la Tumba del Soldado Desconocido en Arlington, Virginia, EUA, que él mismo ha sido incapaz de poner un pie en el Congreso de su propio país. En sintesis, Calderón ha ocultado el respeto que se merece cualquier ser humano por el hecho de serlo, escondiendo los efectos de la xenofobia de la que son objeto miles de mexicanos radicados en Arizona. Se omite que la muerte de emigrantes en el desierto fronterizo junto con las "bajas" de civiles en su guerra contra el crimen organizado; declarando, que esos resultados son simplemente daños colaterales.

En la búsqueda frenética por posicionar su extraviada legitimidad Calderón, a través del uso inapropiado de las fuerzas castrenses, comenzó una “guerra” que no ha presentado mejores resultados que la pérdida de los espacios de convivencia y el incremento del miedo a la muerte entre cada vez más ciudadanos en todo el país.

El presidente del empleo esconde también su falla en la conducción de la política en la mayoría de los rubros que debiesen servir para mantener arraigados a los 750,000 emigrantes anualmente expulsados de sus propias tierras por falta de oportunidades.

En otra escena de la parodia, la búsqueda suspendida para dar con el paradero o escondrijo de Fernández de Cevallos, no debiera sorprendernos cuando esa práctica de omisión o desatención es la constante en las instancias encargadas de la procuración de justicia en nuestro país. Sin embargo, en otro caso, la justicia se mantuvo inmutable como en el asesinato imprudencial –irresponsable- cometido por la heredera del rokero mexicano Alex Lora. No son pocos los casos en que la justicia da carpetazo a este tipo de homicidios, sin embargo, para su “fortuna” ser hija de quien es, colocó a la embriagada hija de los Lora tras las rejas, haciéndose de esta manera “justicia” sin consideraciones de ningún tipo. Ya tendrá el rokero de México razón o fuente de inspiración para cantar entre algunos de los que no pudieron o no tuvieron para esconderse en otro lugar que el penal de Santa Martha. En contrapelo al caso de Celia Lora, la descarada declaración de la PGR para no continuar con las pesquisas en el caso de Fernández sólo es una demostración más del desorden y del vacío de poder con que se inauguró, continua y, seguramente, concluirá, la administración federal panista.

Lo cierto es que no siendo un juego, la realidad social, política y económica en México también se acompaña de una desesperanza aferrada a los labios y las uñas de quien hoy mismo estará decidiendo aferrarse a una piedra, un poste, un árbol para volver a intentarlo, no importando las pérdidas o ser “descubierto” al fin y al cabo la justicia duerme en el país de las escondidillas.

Publicado en Frontera el 25 de mayo del 2010.

viernes, 14 de mayo de 2010

Apocalipsis: El quinto jinete (Postigo y yo)

Fecal es esclavo de sus propias mentiras cuando señala que su política televisiva ha repercutido favorablemente en la vida de los mexicanos y en la conducción de la economía.

Calderón oculta en sus discursos jactanciosos, empero, que la corporatocracia es quien ha señalado desde hace décadas la política económica del gobierno y esto no es conspiración ni elucubraciones sino simple conjunto de evidencias que en la práctica hacen ver cómo las grandes corporaciones empresariales y oligárquicas priorizan la maximización de los beneficios sobre los costes sociales y ambientales.

Por señalar la lógica evidente desde la cual se reproduce el axioma anterior se conoce la medida de cómo los gobiernos entreguistas neoliberales asumen el endeudamiento externo como alternativa para atemperar las crisis recurrentes provocadas por ellos mismos.

En aquel marco, los empresarios del campo y la fábrica, los productores de insumos y bienes terminados o intermedios se encuentran hundidos en un escenario de apertura comercial apresurada que los obligó a acceder al crédito como una opción ofrecida perversamente por las grandes financieras para obtener el control absoluto de los mercados. Esta opción en el mediano plazo significó un mausoleo empresarial manifiesto en el cierre de innumerables micros y pequeñas empresas, así como en la pérdida de empleos en todo el territorio.

La corrupción y malversación de fondos en manos de altos funcionarios y de los grandes corporativos llevó al país a aceptar las condiciones externas para solventar el endeudamiento eufemicamente llamado “políticas de ajuste estructural”: devaluación de la moneda, recortes en el financiamiento de los programas sociales (salud, vivienda y educación), y privatización de las empresas públicas, entre otros mandatos.

La caída del valor del peso, por ejemplo, significa una opción a través de la cual las grandes corporaciones obtienen (compran) los recursos a precios mucho menores de los reales (sendo favor les hacemos vendiéndoles más barato aquellos recursos que de por sí son producidos a costos elevados y en cantidades insuficientes). La desatención Estatal en los programas sociales significa dejar en la orfandad y comprometer el bienestar y la integridad de la sociedad a la “mano invisible” de un mercado que ha profundizado los niveles de miseria. No hay que sorprenderse entonces de los resultados actuales presentes en el tejido social: jóvenes desempleados, trabajadores explotados, campesinos olvidados, mujeres violentadas, niños enfermos, etcétera.

En este escenario de vacío y desinterés de la política de Estado con sus responsabilidades básicas, se abre la posibilidad para que los sistemas socialmente necesarios sean adquiridos, administrados y regulados por la iniciativa privada; es decir, la privatización de las telecomunicaciones, de los caminos, de los puentes, de los puertos, de la producción de insumos, de la educación, de pensiones o de salud son polvos de centenarios lodazales que de forma permanente o cíclica salpican a los borrados de siempre.

Se equivoca el usurpador de Los Pinos cuando alardea que su gobierno no sólo venció a cuatro jinetes del apocalipsis a quienes relaciona con el virus de la influenza, la crisis financiera, la guerra contra el narco y la sequia; sino también a un quinto charro identificado con la caída en los precios del petróleo.

Sin embargo, en el libro del Apocalipsis la duda cabe, cosa contraria a los resultados provocados por la atropellada cabalgata emprendida por “el hijo desobediente” sobre la mayoría de los mexicanos pues desde diferentes posiciones Fecal ha traído consigo lo que ahora endilga a la mitología cristiana: Peste, Hambre, Guerra y Muerte.
Publicado en el Periódico Frontera 11 de mayo del 2010

jueves, 6 de mayo de 2010

Efervescencia del hartazgo Reloeded (Postigo y yo)

Insensibilidad, narcotráfico, pobreza sin freno, falta de oportunidades, educación deficiente, corrupción, ilegalidad, impunidad, estos son sólo algunos de los asuntos que anestesian la evolución social; aparentemente sólo delirada por unos cuantos, pero, eso sí discursiva en tantos otros. Lo cierto es que todos ellos adolecen de lógicas públicas o colectivas que las extirpen del tejido social. Desde hace una semana la “preocupación oficial” por la Ley anti-inmigrante que ha sido pronunciada en Arizona ha colmado de declaraciones y pronunciamientos tan vacíos de lógica como la misma política calderonista.

¿Cuál es la estrategia política mexicana en el rubro de “paisanos emigrados”? ¿Cuáles son las acciones concretas en materia de atención consular de los miles de connacionales radicados en Arizona? ¿Cuál es la atención que le otorgará el gobierno mexicano a los cientos de hombres y mujeres que han perdido su fuente de trabajo en aquel estado norteamericano? ¿Cómo sacará a los cientos de inmigrantes que hoy se encuentran encerrados en sus propios hogares por temor a ser detenidos? ¿Cómo se atenderán las condiciones de familias desmembradas en aquel estado porque sus padres han sido “acusados” de criminales por no poseer residencia legal empero sí haber engendrado hijos en aquellas tierras? ¿Cómo se evitará que hoy mismo y durante los próximos meses otros cientos de miles de paisanos “expulsados” de sus tierras en cualquier estado de México intenten cruzar hacia los estados unidos por el único espacio “libre” que les ha dejado la “Border Patrol” sin vigilancia extrema: El desierto?

No me detendré en figurar presunciones de respuestas. Sólo pretendo acompañar la importuna fantasmagoría que resulta compartir impresiones de la realidad que entreteje los avíos y desviaciones que colisionan en lugares simultáneos como las fronteras.

Estas líneas son sólo estímulos íntimos para insistir en un espacio que persiste en vaciarse en la miopía y la apatía, más allá de las fronteras auto creadas e imaginadas y satelitalmente vigiladas México y Tijuana son hoy territorios de iletrados hambrientos de insumos exportados y pirataje. Sean también hoy las fronteras reales erigidas en la línea asunto insubstancial cuando de deseos compartidos se trate.

Las demandas efervescentes son fuente de creatividad que da libertad a los recuerdos y a las fantasías que recreadas replantean un diálogo. Aunque de cierto es que mucho tenemos que rehacer por romper la inercia y el escepticismo del pasado inmediato en el que nacimos, del irritante hoy y del mañana desolador. La inconformidad provocada por ver, oler o percibir el tufo perpetuo a perro muerto que rodea a muchos de los asuntos cotidianos, revive el hartazgo con las declaraciones oficiales. Esta efervescencia debe ser el adjetivo que no dé tregua al aire que insiste en convertirse en ambiente.

Fueron los propios paisanos quienes dieron muestra de su fuerza a través del levantamiento de sus voces en contra del hastío por el desprecio del que han sido objetos. El fin de semana cientos de miles de ciudadanos norteamericanos hijos muchos, muchísimos de ellos de inmigrantes ilegales mexicanos demandaron respeto a su condición de vida. Mientras en México seguimos leyendo y escuchando de Fecal y sus esbirros una perorata cantinflesca, absurda e irresponsable, que omite, en los hechos la implementación de acciones concretas para detener lo que ocurre no sólo en Arizona sino en cualquier lugar donde cualquier mexicano se encuentre.

Hagamos pues del eco de aquellos que nos insisten en la leída, el puente de concreto sobre el que transite la imagen y efectos que insiste en la destrucción de la condición humana, no con el morbo del espectáculo lúdico de la miseria enternecedora sino como un acuse desde el cual los suspiros sean la esperanza demandante de acción en contra del hartazgo.

Periódico Frontera 4 de mayo del 2010

martes, 27 de abril de 2010

"Alta Traición" a migrantes. (Postigo y yo)

Según el censo de los EUA son 10 estados de aquel país los concentradores de más doce millones de inmigrantes de origen mexicano, de ellos el 70% son ilegales, 75% no habla inglés y más de la cuarta parte se coló a partir del 2000 lo cual terminó (a partir del 2004) que México sea el principal “exportador” de migrantes en el mundo; fenómeno derivado, entre otras razones, por la miseria humana demostrada de parte de los gobiernos “polleros” padecido.

El trato injusto vivido por los paisanos es atendido (en lo declarativo) sólo en momentos extraordinarios pues para los que vivimos en las fronteras y conocemos de las penurias, abandono y muertes en el desierto, de los expulsados en el país es asunto cotidiano aunque también son la resma de pendientes ignorados. El asesinato de civiles (niños, mujeres, jóvenes, hombres) víctimas inocentes en la desatinada “guerra” contra el narcotráfico; los más de 10 millones de indígenas hablantes de 291 idiomas que sobreviven en la opresión y la discriminación desde hace más de 500 años; los 7 de cada 10 jóvenes que no llegan a la universidad; los 5 de cada 10 pobres en América Latina que son mexicanos; la mortalidad infantil por causas de enfermedades erradicadas; la pederastia en la iglesia católica; el millón de mujeres violentadas el último año, etcétera.

Asuntos aquellos nada menores que al no priorizarse en la agenda nacional representan, sin embargo, la insolencia e insensibilidad de los distintos niveles de gobiernos, su hato de funcionarios y otras marionetas del sistema hoy repiten aquí y allá un “acuse de injusticia” provocadas por las cíclicas reformas anti-inmigrantes gringas mismas que al recrudecerse (obliga) a los serviles burócratas a poner “el grito en el cielo” intentando desmarcarse del añejo olvido en el cual han mantenido a los hombres y sus comunidades estranguladas por una la justicia negada, amañada y opresiva propia de las acciones institucionales y personales condicionantes de la convivencia entre los mexicanos.

En aquellos crudos horizontes las leyes anti-inmigrantes estadounidenses han sido principalmente de interés pero sobre todo de acción, para grupos independientes defensores de los derechos humanos en aquel país, tal significaron los movimientos surgidos en 1994 cuando el xenófobo gobernador de California, Pete Wilson, promovió la Proposición 187 negadora del acceso a la salud y educación para los migrantes indocumentados obligando a médicos y profesores a denunciar ante las autoridades a todo aquel carente de documentos “legales”.

Tres lustros después la rabia se recrudece cuando no pocos racistas exigen mayor “mano dura” en contra de los “mojados” con base en una despiadada discriminación que obliga a los agentes policiales locales a hacer cumplir las leyes de inmigración federales.

Todo lo anterior no sólo es asunto de güeros y prietos, sino cuestión de sentimientos y razón pues de esa manera se explican individuos como el Senador John McCain (ex candidato a la Casa Blanca), la gobernadora de Arizona Jan Brewer, y el demente chicano Raymond Herrera, impulsores de propuestas policiacos-represivas en contra de seres humanos acusados de criminales por el hecho de buscar trabajo fuera de sus tierras, donde no encuentran justicia ni sobrevivencia dignas. Los agravios impunes, no debiéramos olvidarlos, aquejan al pueblo de México todos los días y todas las veces por arriba de “las enérgicas” notas notas diplomáticas, o la retórica cantinflesca de un régimen cuyos malabarismos no logran desmontar la escenografía de un país dominado por lo absurdo, indolente, improcedente e hipócrita que en palabras del galardonado José Emilio Pacheco en su poema Alta Traición refiere:

“No amo a mi patria […],

Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos,

cierta gente […],

y tres o cuatro ríos…”


Publicado en el Periódico Frontera 27 de abril del 2010

sábado, 24 de abril de 2010

Efervecesencia del hartazgo.


Insensibilidad, narcotráfico, leyes anti inmigrantes, pobreza sin freno, falta de oportunidades, educación deficiente, corrupción, ilegalidad, impunidad, estos son sólo algunos de los asuntos que anestesian la evolución social; aparentemente sólo delirada por unos cuantos, pero, eso sí discursiva en tantos otros. Lo cierto es que todos ellos adolecen de lógicas públicas o colectivas que las extirpen del tejido social.

En estas primeras líneas no me detendré en esta ocasión en aquellos asuntos, tampoco figuro presunciones de respuestas en el futuro. Sin adulación concreta ni entrelineas, el propósito de estos párrafos es sólo acompañar la voluntad de quien desde hace tiempo insiste en la importuna fantasmagoría que resulta, para tantos más que los menos, leer y, por supuesto, compartir impresiones de la realidad social, política, económica y cultural que entretejen los avíos y desviaciones que colisionan en lugares simultáneos como lo son las fronteras.

Sean las impresiones compartidas, a partir de estas líneas, los estímulos íntimos para volver a la palabra como asistencia y presencia de un espacio que insiste en vaciarse en la miopía y la apatía, más allá de las fronteras auto creadas e imaginadas.

México y Tijuana territorios de iletrados hambrientos de insumos exportados y pirataje. Sean las fronteras reales erigidas en la línea asunto insubstancial cuando de ideas y deseos compartidos se trate. Las primeras no implican obstáculo en lo absoluto, las segundas, sean pues sólo pretexto ocasionado y articulado en la virtualidad de la red.

En los oníricos resultados ajenos, que las más de las veces genera el conjunto de letras que asoman enunciados frágiles como los hasta aquí colgados, advierto la fiesta, el juego, la risa, la ironía y vituperio propio que cada una de ellas me provoca al conjugarse, emerger y subirse al continuum de la virtualidad o la reminiscencia de quien lee.

La palabra compartida por sí misma es fuente de creatividad que no se estanca en la inercia de la cotidianeidad; la libertad de los recuerdos y las fantasías recreadas nos contagian de un diálogo que persiste y del que somos invitados al hojear o ahogarnos en él. Mucho tenemos que rehacer por romper la inercia y el escepticismo del pasado inmediato en el que nacimos, del irritante hoy y del mañana desolador. La inconformidad provocada por ver, oler o percibir el tufo perpetuo a perro muerto, que rodea a muchos de los asuntos cotidianos debe ser el adjetivo que no dé tregua al aire que insiste en convertirse en ambiente.

Que la filigrana en el lenguaje no sea la excusa para el diálogo acuciante, vamos pues a regodearnos de la “Alta traición” de Pacheco quien desde entonces venia advirtiendo que la palabra en general y la poesía en especial pudiera ser la forma de resistencia contra la barbarie.

Hagamos pues del eco de aquellos que nos insisten en la leída el concreto sobre el que transite la imagen y efectos destructores de la naturaleza humana, no con el morbo del espectáculo lúdico de la miseria enternecedora sino como un acuse desde el cual los suspiros provenientes de la oscuridad de la indigencia fundan la decepción y la esperanza demandante de acción en contra del hartazgo, que sea la memoria la huella afectiva que nos tropiece a partir del pretexto de la palabra.

lunes, 29 de marzo de 2010

Los capítulos arrugados de Dios.


Más de una década tuvo que pasar para que los Legionarios de Cristo aceptaran pública y oficialmente haber solapado, engañado, abusado y lastimado tanto a justos como a pecadores.

Los crímenes de su fundador Marcial Maciel Degollado, quien en 1946 recibió “la bendición” del papa Pio XII, contaron con el encubrimiento jerárquico católico por considerarse este tipo de actos aberrantes “materia de secreto pontificio”. Sustentados en el “voto privado” (prohibido criticar a los superiores) nadie en la estructura de los Legionarios de Cristo abrió el hocico para señalar, impedir o evitar el daño causado por su Superior y fundador, quien bajo dichos mandatos decretó cerrar ojos, nariz y oídos ante los abominables crímenes por él cometidos.

El Vaticano, de su parte, en un documento llamado “Crimens sollicitationis” hace jurar a los obispos mantener el secreto sobre cualquier asunto de abuso sexual cometido por sacerdotes, bajo pena de excomunión.

Recibir la “bendición papal” en un contexto de reordenamiento mundial resultó el visto bueno para derrochar el pútrido instinto bestial del también fundador del Instituto Cumbres. Como ironía siniestra de aquella bendición se recuerdan con facilidad algunos elementos que la historia ha enfatizado del ejercicio nazi-fascista: en 1946, por ejemplo, se estaba dando por terminada una de las etapas más terribles de las que la memoria dé cuenta, empero con la derrota del nazismo y suicidio del llamado “anticristo” (Adolfo Hitler) la representación de la miseria humana en un solo hombre no terminaba.

Dos años antes de que la muerte alcanzará a Marcial Maciel, y de frente al escándalo incontrolado de sus porquerias que pasaban a ser del dominio público, la pederastia emanada de Maciel obligó al Vaticano, a través del papa Benedicto XVI, a “invitar” al decrepito sacerdote a retirarse de la vida pública y dedicarse a una vida de oración y penitencia... pero, dejando en las tinieblas de los pasillos del Vaticano, las catedrales, las capillas, los conventos y la propia justicia de los estados nación, la reparación infringida a los lastimados, que no podrán encontrar expiación ni con vida ni con muerte.

para no variar las múltiples denuncias de abusos cometidos por este y otros tantos sacerdotes en varias partes del mundo no han cesado. En la declaración del escándalo y el encubrimiento más de dos, con toda seguridad de la misma calaña del miserable michoacano, se estarán cobijando por el encubrimiento ofical y bajo los artilugios y engaños que sin pudor continuarán profesando a inocentes e ignorantes que se acercan a cualquiera de estas siniestras congregacionesen la búsqueda del perdón a sus pecados...

En este contexto la opinión pública nuevamente encuentra paladines, ahora en el rubro de juicio moral -otrora político-, que indica cuáles son el conjunto de argumentos que debiesen incluir o escuchar en el “juicio” que se construye en el imaginario social respecto a este nuevo capítulo de la historia de la iglesia católica, apostólica y romana.

El aberrante comportamiento de personajes como Maciel cuyas evidencias también cuentan con precedentes que datan de historias orales de tantos otros pueblos rinconeros a donde simplemente se trasladan o envian a los acusados de abusos y crímenes comentidos en contra de aquellos que consagran debajo de sotanas ajenas la ignorancia y el perdón de sus pecados. Esos actos seguirán contando con el aval, no sólo por la omisión de las enfermizas razones de las cúpulas eclesiásticas, sino también por el solapamiento que la justicia del Estado “laico” otorga condescendiente.

Así los renglones de esta historia inician la "escribida" de un nuevo capítulo pederasta sustentado en la retórica mística e hipócrita de quienes interpretan a San Pedro. El preámbulo respecto a los crímenes de Maciel, comienza con el inicio de la implementación de una estrategia que apuesta por el olvido nacional, pidiendo perdón, arrepentiendose para que todo siga igual o peor, pues por algo han seguido avantes por los siglos, de los siglos… amen.
Publicado en el Frontera (30/03/2010)

jueves, 18 de febrero de 2010

Cuatro minutos por la independencia

5:40 AM el grito que nos despertó ésta mañana estuvo acompañado de un llanto, que hemos aprendido a reconocer que no lo es. Mi esposa y yo creemos distinguir entre un falso llanto y uno verdadero. Sabemos que cuando se escucha un golpe seco y después de él un segundo de silencio el llanto que vendrá siempre será verdadero, entonces hay que correr hacia su origen esperando no ver un chipote...

El llamado que nuestro hijo “pequeño” hizo desde su cuarto por la mañana era para que su madre le llevara su acostumbrado vaso con chocolate: la “titi ate”, como él le nombra desde su incipiente lenguaje oral y que desciframos fácilmente desde los monosílabos que reproduce. La dependencia de la mamila se la “quitamos” hace un par de meses, a cambio su negociación fue hacerse de un vaso de los llamados vasos entrenadores, que para el caso debe ser la misma cosa. Sólo que ahora se lo toma sentado mientras que con la mamila lo hacía recostado sobre su almohada en una envidiable maestría que se pierde por insistencia de los adultos con el pretexto de la independencia, ¿qué dijeran los bebés ante esta pérdida obligada?

Aquel grito fue entonces el despertador de esta mañana, aunque también lo ha sido de tantas otras, debiera decir nuestro acostumbrado despertador de las últimas semanas ha sido el pedido de la titi ate…. Medio adormilado, sólo para entretenerlo e intentar hacerlo olvidar, le pregunté -¿qué quieres? Su edípica, pero también envidiable respuesta fue un grito, llanto, petición, reproche: ¡tú no, mi mamá! Por segundos el silencio llegó, ambos esperábamos que la mentada madre hiciera algún despliegue de atención.

Ese diálogo había comenzado desde semanas atrás, exactamente cuando su madre se convenció, y decidimos, que era tiempo de sacarlo de nuestra recamara; con ello, según las recomendaciones de no sé quién; el de los gritos-distinguidos, comenzaría la segunda o tercera etapa de su proceso de independización. Supongo que la primera ruptura fue el corte quirúrgico que le hicieron a su cordón umbilical, después vinieron las intentonas por desaparecerle las mamilas, quitarle los pañales a cambio de los también pañales entrenadores.

En otro momento llegaría la insistencia multifamiliar porque diera sus primeros pasos; con ella vinieron las innumerables caídas, que derivaron acuciosos análisis quiroprácticos donde hasta el jardinero y el carpintero incluyeron sus perspectivas análiticas (faltaba más). Todos los participantes en aquellos coloquios de gran alcance planteaban sus propias teorías e hipótesis; unas más prolongadas y sustentadas que otras. Pero, en el fondo todas ellas sugerían explicaciones de aquel andar irregular: las caídas pues.

En la diversidad de aquellas ponencias cotidianas recuerdo también los diagnósticos ortopédicos alternativos y de justificación hereditaria de una ascendencia de segundo nivel desde la ramificación maternal. Estas opiniones fueron presentadas con una habilidad magistral que enturbiaba los bisoños planteamientos freudianos del jardinero. La cosa era encontrarle al de la titi ate cualquier parecido físico, gestual o de personalidad con cada uno de los miembros de la ramificación maternal. ¿lo independizamos, lo asemejamos o lo entrenamos? Afortunadamente cuando las caídas cesaron los contrastes músculo-esqueléticos también.

Con el paso de los días, las decisiones con respecto a la educación de nuestros hijos se han sustentado en lo que según las múltiples recomendaciones de conocidos y extraños de lo que es mejor para los niños en cada una de sus etapas de crecimiento, inclusive de quienes no han tenido en sus manos jamás a un bebé ni lo que implica el cambio de un pañal que no pudo detener el producto alimenticio líquido y procesado por un estómago infantil. La cosa era opinar y dar línea para la educación o el entrenamiento.

Así una y otra de las recomendaciones versaban sobre lo que hay o había que hacer para ayudarlos a crecer y sobre todo para ser independientes. ¿Será que la independencia de los hijos llega sólo por sacarlos de la recamara? ¿Es una decisión que les beneficia? ¿Es una forma para dormir un poco más? ¿Es un intento de vuelta a la privacidad y la intimidad desde la cual se procrean aquellos que después se insiste en alejar con el pretexto de su independencia? Tampoco sé si esa o la otra son buenas o justas razones. Tampoco pretendo desarrollar y justificar nuestras decisiones desde ningún análisis freudiano… sólo apuntar algunas de las peripecias que ni cuenta se dan los niños hemos hecho en la búsqueda o fomento de su independencia.

Mientras el silencio se hacía presente entre una respuesta y otra. La televisión también hacia lo suyo, se encendió a la hora que la hemos programado para hacerlo, así que no es su culpa, finalmente es un aparato que se programa a partir de los deseos de sus propietarios. No hay entrenamiento sólo un click por aquí y otro por allá y ¡listo! la TV obedecerá. Eso y aquello entonces sólo son parte de lo que nosotros mismos hemos aderezado a la cotidianeidad de cada amanecer. La búsqueda o el fomento de la independencia, el caminar, el comer, el baño ¿serán aspectos de un click costumbrista, sublime, simbólico, social o familiar?

El ruido en casa comenzó a despertar a todos los seres vivos que la cohabitamos. Yo insistía en mantener mis ojos cerrados, pero las imágenes en mi mente se hacían cada vez más nítidas. Mi mujer jaló las cobijas cubriendo su cara y destapando sus caderas.

Las mascotas que nos acompañan son un par de perras: La Tesis y La Caqui; también tenemos una gata. Esta felina “miembra” de la familia fue un obsequio de algún viejo amigo de mis suegros; a propósito, ahora recuerdo que aquel viejecillo también abonando al contraste y a la búsqueda de parecidos familiares y hasta de políticos de moda. El parecido ideológico lo encontró en algún berrinche de los tantos que los niños y los políticos soberbios continuamente escenifican, en particular de aquel desaforado que antes de convertirse en el presidente legítimo se le adjetivaría como un peligro para México, resultando menos dañino que aquel que le ganó por una nariz la silla presidencial. Las tres bestias domesticadas –no el viejito que regalo a la gata, tampoco el político berrinchudo, ni el espurio, mucho menos el de los gritos distinguidos, sino las dos perras y la gata- comenzaron a solicitar desde sus instintivas formas de comunicación la atención que se han ganado como miembros mantenidos de esta familia. Los ladridos y ronroneos ya eran parte de nuestro amanecer, ¿será esa la razón que justifica su manutención? Hasta ahora no les conozco otra gracia…

Estamos en la primera semana de enero, el clima de invierno en la costa californiana es duro, aunque tolerable hasta que no llega el jalón de las cobijas de mi mujer y me deja al descubierto, pies, espalda y todo lo demás. A pesar de esa algarabía, la hora: 5:42 AM.

Los primeros rayos del sol se comenzaban a filtrar a través de las persianas y el despertar innumerables pajarillos cantando que llegan desde las pelonas ramas de uno de los árboles plantados en el pequeño patio trasero, también servían de contrapeso al silencio que cada vez se alejaba de mi cama. Sin alusión pirata poética sino en una narración de lo absurdo, los cantos y los llantos silenciaban el sonido que provocan las olas al romper en la playa cercana. El rumor se logra escuchar durante algunas noches hasta nuestra cama brandnew así que tenemos un activo variable que resulta ser una compañía silenciosa durante aquellas etapas de romanticismo apresurado de no pocas noches memorables que se entretjen de vino tinto, largas pláticas, secretos y fantasias compartidos. En ese mueble y en aquellos momentos además de hijos hemos hecho el amor ¿El secreto puede ser una inteligible idea compartida o cada quien percibirá lo que le venga en gana?

La irresponsabilidad de mi madurez trasnochada me decía: todavía te quedan algunos minutos, ¡aprovéchalos! Mi hijo el “mayor”, con sus nueve años, ya esperaba en su cama, simplemente que le dirigiera el llamado acostumbrado. Él ha asumido que al nombrarlo por las mañanas las siguientes acciones que deberá realizar son levantarse, ponerse su uniforme y esperar sentado a tomar su desayuno. El desayuno ya debería yo mismo estárselo preparando. ¿Eso es obediencia, instrucción interiorizada, coarción u obstrucción a la libertad y el sueño? Ya lo había escuchado levantarse y pasar a su baño. Cuando eso ocurre sé que él ya está listo para iniciar su día. Sin duda es más responsable que yo siempre y cuando no tenga el Play Station 3 frente a sus ojos. Reacción pavloviana derivada de su comportamiento anual previo demostrado.

En ese momento, ahora recuerdo repetido en tantas otras mañanas, decidí que extendería la modorra. Mientras estiraba los músculos de mis pies pasando a la cadera y concluyendo con mi espalda –es el ejercicio que últimamente realizo; las largas carreras matutinas en trote o en bicicleta se han detenido desde hace algunos años, ya volveré a ellas.

A mi lado, la espalda de mi mujer acurrucada sobre su costado me sugería ser el convexo de su cuerpo, pensé que al cabo todavía teníamos algunos minutos por delante. Así que apretuje mi pelvis a sus caderas descubiertas. Como pude jale las cobijas que me habían sido robadas cubriéndome mi espalda y entrelazando mis pies con los suyos. Mientras se acomodaban nuestros cuerpos entre el cóncavo y el convexo respectivos, debiera decir mientras la estructura de acumulación grasosa que envuelve mi abdomen se acomodaba en la espada de mi mujer, una especie de rugido que percibí como ronroneo salió de su garganta. Por supuesto, no era el preámbulo de un romanticismo mañanero, mis pies estaban fríos…

5:44. Cuando me encontraba apretujando el cuerpo de mi esposa tomando sus caderas entre mis manos, un calambre en mi espalda asentuó el retortijón clásico matutino, el proceso fisiologico habia comenzado. Todavia insistente,como buen taurino, traté de aprovecharme de esos minutos extendidos de la noche o los primeros robados de la mañana, el tap tap tap de unos pasitos se escucharon con velocidad aproximándose a nuestra recamara, de un golpe empujó la puerta y continuó su carrera hasta treparse en mi espalda, que ahora era parte de una especie de lápida sobre el cuerpo de su madre.

La razón ajena de promover la independencia de los hijos, ahora me demostraban la permanente búsqueda que “los independizados” hacemos permanentemente, mientras más alejados estamos más intenso y veloz es el retorno. Es probable que esa razón también haya sido la causa de salir o ser expulsado, primero en mi niñez, de la recamara de mi “ama”, después, en mi adolescencia, de su casa y tiempo después, en mi juventud, de una ciudad y otra; de aquellos lugares y en aquellas alocadas búsquedas lo encontrado nunca fue predeterminado, siempre llegó por casualidad.

Por cierto, la salida de mi mujer de su casa también llegó como el inicio de la partida de sus demás hermanos, alguien tenía que hacer punta, una especie de réplica de “cuando los hijos se van” o debiera decir en las actuales condiciones sociales y económicas “cuando los hijos no se quieren ir.” La pregunta espontánea de mi hijo no esperó al ver aquella escena de masoquismo aplastante: ¿Qué haces arriba de mi mamá?

A pesar de la casualidad, los amaneceres y los pájaros, siempre han estado ahí, ahora compartidos con los gritos y el sonido de los piececillos descalzos de mis hijos, los que a propósito cada vez se hacen más fuertes, más sólidos, más firmes; seguramente algún día los escucharé alejarse. Pero como no aludiré el melodramatismo del adiós, eso llegará sin duda en la senectud espero no estarlo contando mucho menos narrándolo, antes me muerdo un blogg.

Los ladridos y los ronroneos también son sonidos que en onomatopeyas conocidas son parte del lenguaje infantil desarticulado. Los sonidos no se irán, pero la edad de mis hijos sí lo hará, sus años también se irán junto con la estúpida razón de la independencia y la intimidad que alguien sugiere buscar. Todos ellos han sido los sonidos e imágenes que persisten en mi mente cuando aún ni siquiera abro los ojos.

He decidido, al concluir esta catarsis bloggera que a las 5:40 AM y después del primer ruido abriré mis ojos para que ni una sola de las imagenes que las origina se me escape; intentaré ver cada uan de ellas con la claridad que las lagañas me permitan; mientras, mejor preparo el desayuno, saco a los perros, tiro la basura (la mí y la de casa), ¡ah! y a tambien paseo a la gata y, por supuesto, beso a mi mujer, al fin y al cabo que otra noche llegará y por la mañana disfrutaré de la cotidianeidad que provoca y chance, en una de esas, decida salir a correr o pasear en bicicleta.

jueves, 19 de noviembre de 2009

martes, 17 de noviembre de 2009

(Postigo y yo) Por un par nalgas.

El interés por la mantener la “guerra contra el narcotráfico” queda nuevamente patentizado con el llamado “presupuesto de guerra”. Esto no fuera una estrategia vituperable si los resultados fuesen evidentes, pero sobre todo, si se acompañara de un proyecto integral que incluyera acciones de mediano y largo plazos. La promoción del escándalo como estrategia de legitimidad ha sido asumida como el somnífero social a través del cual la sociedad navega en compañía de la miopía, la pasividad, la lástima, el escarnio y la ludopatía, todas fomentadas estratégicamente por la mercadotecnia mediática y aprovechada por los mediocres paladines del sistema.

Sin pretensiones de defensa ni en alusión concreta, los jóvenes y niños que se convierten de la noche a la mañana en asesinos, narcotraficantes, drogadictos o estadística de de muerte ¿habrán tenido otra opción para entretenerse? ¿Habrán encontrado o contado con otra actividad para pasarla “curada”? ¿Existen alternativas de entretenimiento que respondan a sus intereses? ¿Contarán con los códigos para la comprensión o apreciación de manifestaciones artísticas y culturales diferentes a los que ofrece la televisión abierta? ¿Encontrarán opciones en las instituciones públicas (escuelas, centros culturales, teatros, foros, etc.)?

Sólo por mencionar uno de los aspectos que debieran incluirse en la integralidad del proyecto de nación y que por el contrario es producto de un menosprecio de la derecha y sus esbirros priistas, tenemos que el sector cultural se ha convertido en una actividad complementaria, altruista y autogestora; por si alguna institución pública de fomento de la cultura tuviera en sus metas reales el impulso de esta importantísima actividad social, de acuerdo con el “presupuesto de guerra” que se ejercerá el próximo año, por el momento deberán seguir sobreviviendo a través de la administración de su gasto corriente; el impulso, el apoyo y la operatividad de proyectos culturales novedosos serán actividades que deberán esperar.

En la ciudad podemos observar en lugares muy específicos -pero con acceso limitado y no por criterios de VIP-, con regularidad muchos o pocos (según el ojo de quien observe) proyectos, eventos, obras, exposiciones, foros, ferias o conciertos culturales públicos, pero menos, mucho menos, es la cantidad de asistentes que acuden al llamado. Desde posiciones memas se puede acusar a la organización, a la difusión o a la calidad de los artistas de la exigua asistencia. Sin embargo, no debemos olvidar que el arte y la cultura, además de ser un componente cotidiano, es una manifestación socialmente construida.

Cuando en la realidad, la caída, la afectación o el agregado artificial en cualquier trasero conocido se convierten en asunto de interés público a tal grado que la propia justicia en este país de inmediato voltea preocupada para atender el daño producido al tan “codiciado patrimonio cultural”, la chacota observada en las instituciones es inaceptable; cuando la impartición de la justicia se vuelca a la persecución y captura de los culpables de tan aterradora acción, la descomposición social es contumaz.

Es por muchos conocido el reciente episodio protagonizado por uno más de los productos “artísticos” maquinado en la mercadotecnia televisiva; ese no fuera el acuse, sino la manera expedita en que los “culpables” fueron puestos a disposición de la ley. Mientras que otros tantos: los niños de la Guardería ABC en Hermosillo (junio 2009), los asesinatos de cientos de mujeres en Cd. Juárez, la matanza de Aguas Blancas en Guerrero (junio 1995), las víctimas de la masacre en Acteal en Chiapas (diciembre 1997), la barbarie represiva del sexenio 1972-76, la masacre en Tlatelolco (octubre 1968) entre tantos otros no tan conocidos que esperan justicia verdadera como la recibida por aquel par de nalgas en franca descomposición.
Publicado en el Frontera 17 noviembre del 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

Limpia tus ojos.

¿Qué es lo bendito? Sin desearlo pero pensándolo y, peor aún, escribiéndolo la tangente de la mojigatería se lleva mi primer idea. Por suerte, y con el punto, la idea que no alcanza a ser respuesta se cubre por completo con la única acepción razonable que le encuentro: las formas de decirte a ti mismo que el aliento sigue ahí desde que el camino se torció y al percibirlo el vidrio de tu ventana debiera desempañarse, pero el vaho que observas está más cerca de lo que quisieras.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

(Postigo y yo) Hasta que la muerte los separe...

“En las buenas y en las malas; en lo próspero y en lo adverso…” “uno y el otro se deben y tendrán respeto, diferencia, fidelidad, confianza y ternura, y ambos procurarán que lo que el uno no esperaba del otro. […] Ambos deben prudenciar y atenuar sus faltas”. Desde la promulgación de la Constitución política de 1917 ha habido una evolución paralela e irregular entre el papel del Poder Ejecutivo y el Legislativo en el debate y la formulación de las leyes económicas, si ésta evolución se explicara con los principios arriba mencionados -de matrimoniarse pues-, el panorama que nos espera en el escenario nacional, es más de lo mismo, e inclusive, tantito peor.

En cualquier buen matrimonio –dicen los que saben. “Este es el único medio moral de […] suplir las imperfecciones del individuo”. La condición eminente es la coincidencia en un sublime propósito. Pero cuando los compromisos están contraídos entre varios intereses, los avatares serán la razón sin acuerdos. Es decir, el “hoy por ti mañana por mí” se convertirá en la pauta de la relación, la mentira o el engaño serán la constante.

Las evidencias en México demuestran cómo los miembros de grupos, asociaciones, clanes, consorcios, grupúsculos, cofradías, (sindicatos, instituciones, partidos políticos, empresas, iglesias, organizaciones criminales) se han distribuido las riquezas, las oportunidades y el territorio nacionales. Empero a diferencia de dos de las constantes básicas presentes entre los miembros de los compromisos bien habidos: el diálogo y la confianza, en la vida “pública” la contraparte es la opacidad y el escamoteo.

Los acuerdos entre el SNTE y el calderonismo, a partir del cual se ha venido vituperando los resultados en materia de fortalezas cognitivas en estudiantes y maestros, son una evidencia de pago de intereses. Así la disminución constante del presupuesto asignado a esa materia encuentra sus justificaciones en los resultados. A pesar de que la Ley General de Educación establece que no se le podrá asignar a este rubro una cantidad menor al 8% del PIB el gobierno calderonista ha venido reduciéndolo, con el beneplácito del Sindicato y de los miembros del Congreso de la Unión. Una situación similar ocurrió hace apenas unos meses cuando el Sindicato (Stprm) poco contrapeso significó de frente a las intenciones del gobierno federal por “fortalecer la industria petrolera”. Sólo hay que recordar que el liderzuelo petrolero actual, es producto del “quinazo” (destitución del líder petrolero Hernández Galicia, alias “La Quina”). La designación de Romero Deschamps tenía la condición de sumisión, por lo que el compromiso firmado entre las camarillas prianistas se está cumpliendo fielmente; hay que recordar el incremento salarial del 22% que se acordó en la reciente revisión del contrato colectivo de trabajo entre el Stprm y Pemex.

El capítulo de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación 2010 se está escribiendo en la misma opacidad. Mientras los reflectores se enfocan hacia el liderzuelo sindical del SME y la cohorte de Fecal (Lozano Alarcón, Georgina Kessel, Agustín Cartens...) estos últimos aprovechan la comparsa de los medios quienes también buscan su propios beneficios en el asunto. De aprobarse tal escarnio la Suprema Corte de Justicia, los miembros del Congreso de la Unión y la PGR, en particular, los ineptos funcionarios públicos que las componen recibirán mejores y mayores prestaciones. El llamado incremento en gasto corriente sigue siendo una burla para la población que continua en la miseria. Muy lejos quedó el interés o sublime propósito de la convivencia respetuosa y tolerante. Todos siguen sacándole leña al árbol caído, y nadie se preocupa por sacar al buey de la barranca, así este matrimonio continuará “hasta que la muerte los separe…”

Publicado en el Periódico Frontera 20 de noviembre del 2009

jueves, 30 de julio de 2009

México vs EUA. Día de guardar.

De este lado de la línea y hacia al sur, participamos (quisiéramos o no) de la fiebre del futbol. Ayer los ojos y la atención de los mexicanos se ocuparon del televisor y del ir y venir de un balón que corrió en el césped del estadio de los Gigantes de NY. La ocasión: la final de la Copa de Oro; la situación: el desempate entre las selecciones mexicana y estadounidense (cuatro torneos ganados en la Copa de Oro para cada una); la condición: diez años sin ganarle como visitante al equipo norteamericano; el resultado: razón para festejar, olvidar y guardar.

Del otro lado de la línea y hacia el norte, la final del torneo significó para una gran cantidad de paisanos una válvula de escape o el deseo de (re)encontrarse con uno de los iconos nacionales: la selección de futbol. Los goles quizá hicieron olvidar las horas de encierro, las jornadas laborales, los meses de añoranza del terruño, la explotación, la persecución, los años sin familia y la distancia recorrida.

Ayer los festejos llenaron plazas públicas, avenidas y calles de las tan magulladas, armadas, “vigiladas” y sangradas ciudades de esta tierra de emigrantes (del total de municipios en el país el 96.2% reporta experiencia migratoria internacional, CONAPO). La tarde del domingo niños adultos, mujeres y una que otra mascota colada y con las colas al vuelo se unieron a la celebración. El ¡México!, ¡México!, ¡México! se escucha como la más sonora manifestación de nacionalismo, lejos está de entenderse como razón de esperanza. La verdad es que en esas ocasiones la razón cede ante la fuerza de un balón. Ayer el ¡siquitibum! se escuchó, gritó o se murmuro entre dientes. Domingo día de fiesta: la selección ganó.

Contar el pasado –dicen los historiadores- resulta apasionante, describir el presente resulta escalofriante. Ayer los datos duros se guardaron. Los celebrantes olvidaron que en un primer o segundo grado de consanguineidad cualquiera de ellos tiene algún pariente emigrante (más de 11 millones de mexicanos viven fuera de este terruño, 98% de ellos se encuentra en EUA).

Los indicadores macroeconómicos que tanto hacen temblar a unos e indignar a otros se guardaron. Minucias como que el ingreso per cápita en Estados Unidos se acerca a los 47,000 dólares (sexto lugar en el ranking mundial, FMI); mientras que cada mexicano “tiene” un ingreso de 14,560 (51 escalones debajo de los EUA). Pero les ganamos ¡5 a 0! Al tipo de cambio promedio de la semana pasada estas cantidades significarían 1,706 pesos diarios en EUA y 528.55 para cada guadalupano.

Si el promedio no fuera un dato relativo todos debiéramos interrumpir la sobremesa y desoír los llantos del hambre para celebrar y detallar las jugadas que llevaron a cada gol; sin embargo, como lo señaló Shaw, el promedio se explica fácilmente “Si mi vecino tiene dos autos y yo no tengo ninguno quiere decir, que ambos tenemos uno”. Así 500 pesos significarían 15,000 pesitos mensuales para cada mexicano, cuanta utopía.

Ayer se olvidó la desigual distribución del ingreso y nos pusimos la misma camiseta. Ayer se guardaron datos como que en los últimos 9 años en México se han perdido cerca de 2 millones de empleos; que 19 millones de mexicanos viven en “pobreza alimentaria” (eufemismo de miseria); que sólo uno de cada 4 jóvenes se incorpora a la Población Económicamente Activa (¿y los otros dónde guardan sus sueños o a qué sueñan? ¿a ser futbolistas, a cruzar al otro lado, a vender truco? ¡Ya sé! Sueñan a ser Diputados o a sacarse la lotería); ayer se olvidó que la canasta básica subió 51% en dos años; ¡Ah! Lo olvidé ayer fue domingo, día de guardar.