Los resúmenes del ya merito...
Las prácticas políticas por todos lados demuestran la amnesia y estrechez intelectual de una realidad que avanza hacia una frontera de muerte de manera acrítica, quizá vestigio de una ruina retórica de la que emprenderemos una reconstrucción (visión optimista), o producto de su desorientación ética (visión pesimista). Como resultado en México muchos viven esperando la torta, la gorra, el cheque, la beca, el préstamo, el contrato, la calificación aprobatoria, la recomendación, la concesión de una obra pública, la generosidad del Estado, la orientación del patrón, las indicaciones del profesor, las ordenes del jefe, la atención del extranjero.
La tiranía de lo fugaz se refleja en la cotidianeidad de ciudadanos conformes, y como consecuencia u origen un sistema cultural basado en las relaciones y no en el mérito; en el apellido y no en el grado; donde se llega a los puestos de responsabilidad no por el profesionalismo y las competencias, sino por la recompensa a la lealtad y la complicidad, en síntesis el comportamiento clientelar que induce patrones de conducta. La desigualdad se hace costumbre y cultura benéfica para las clases dominantes, así se construye una amnesia, convertida en conducta política y del Estado.
Cierto es que lo anterior tiene que ver con una cuestión histórica, cultural profunda que no se alcanza a desenredar en estas líneas. Lo cierto es que algunos elementos de origen se encuentran en las propias manos extendidas que esperan la dadiva del poderoso o las indicaciones del camino. La justificación no es sólo culpa unipersonal, sobre todo cuando coexisten sistemas político y educativo que sirven a los intereses cortoplacistas de sus lideres.
Así, el Banco Interamericano de Desarrollo “encuentra” que en México el hijo de un obrero tiene sólo el 10% de posibilidades de convertirse en profesionista; y el INEGI que de cada 10 mexicanos en edad de ingresar a la universidad sólo 2 están en ella, y de los 8 restantes otros dos se encuentren en EUA. En parcial resumen, cada vez más migrantes ilegales, profesionistas-chóferes, jardineros-con bachillerato, amas de casa que cuelgan el título universitario que se enmaraña con las esperanzas de movilidad social.
La opción para muchos resulta en la pretensión de convertirse en cómplices de la misma condición criticada, reconciliándose con la estructura del poder y convirtiéndose “dichosamente” en lo que Gramsci llamó intelectuales orgánicos, recibiendo así con gusto las ignominiosas prebendas por su alineación. En triple resumen, clases subalternas que aspiran al poder y se convierten en herramientas para expresar los intereses y aspiraciones de los grupos hegemónicos en forma polarizada y contradictoria, lo que los convierte en tristes y desacreditados bur(r)rócratas, o en lo que Nizan llamó perros guardianes del orden burgués.
Cada vez más se piensa en los mexicanos como miembros de una pirámide social, construida desde la colonia, educados en la sumisión en un temor reverencial al gobierno con una capacidad para hincarse y resignarse, mexicanos que continúan llorando con Pedro Infante por la muerte del torito y compadeciéndose de la entereza ante la adversidad sentimientos que junto con las ludopatías son reproducidos en la TV mexicana, en donde gana y se celebra a quien es capaz de conmover más a la audiencia a través de provocar mayor compasión o ridículo.
En interminables resúmenes, hoy es común aceptar la existencia de trabajadores mal pagados porque sus competencias no les permiten exigir una mayor retribución, jóvenes y niños que abandonan la escuela porque estar ahí no tiene sentido, ancianos que ven su jubilación como la última parte del camino de un viacrusis del que nadie reniega so pena de ver cerradas las puertas de un cielo que los olvidó en vida. Así el resumen cultural es un pago de culpas interminables, unas ajenas otras propias, el escenario donde la malinche no termina de orientar los patrones de conducta, en un país donde los mitos, el pasado, la victimización, justifica los penalties fallados, y el ya merito...
(Publicado en el diario Frontera, Tijuana. B.C.)