lunes, 19 de enero de 2009

(Postigo y un poco de Equiz)
Crisis sobre crisis



El sistema capitalista mundial se encuentra someramente alicaído en razón a que los buenos números fruto del agio hoy no expresan la holgura de una ininterrumpida riqueza a su favor merced, entre otras significativas causas, al acaparamiento de dinero fugado, recesión inducida, importaciones-exportaciones gravadas al antojo, imposición de precios a bienes de consumo estratégicos son, entre otras medidas espoliadoras, la clave sobre la cual se sustenta la libre competencia global que produce y distribuye lo que a su antojo deben consumir los ciudadanos.

Por supuesto la política económica dominante relega la planeación en culto a la avaricia neoliberal pues, en aras de conquistar el mayor mercado, se enfrascan en una feroz batalla para vencer al contrario a partir de especulación, presiones, fraudes, maquinaciones y estafas mil responsables de encubrir el camino seguido por un capitalismo salvaje constructor de un sistema ajeno a cualquier control que ha derivado en monopolios, cárteles, trust, oligopolios y otras poderosas uniones responsables de la ruina del planeta y de los millones de seres humanos que lo habitan donde, más allá de la recesión, inflación, desempleo o capitales evadidos; en nuestro país la crisis es resultado del endeudamiento realizado por parte del régimen.

De los sexenios conocidos se puede afirmar que hasta 1970, la deuda externa de México se mantuvo dentro de los límites soportables (7,246 millones de dólares) siendo a partir de aquel año, que dicho pasivo entró en una crecida hasta desbordar en un monto que mantiene a los mexicanos en una sangría financiera a causa de los intereses y pagos de la descomunal hipoteca.

Desde luego sería un disparate afirmar que la búsqueda y logro de créditos sean, en sí mismo, un absurdo por el riesgo que implica deberle a la banca interna o externa, pues ninguna economía doméstica subsiste sin mitigar sus proyectos de desarrollo vía préstamos y otros apoyos foráneos.

Sin embargo, en México hace más de cuarenta años se insiste en solicitar créditos pretextando invertir en programas cuyo propósito es solventar importantes necesidades agrícolas, industriales, educativas, de salud, de infraestructura, de comunicaciones y, en general, aquello relacionado con planes de desarrollo social.

No obstante los recursos obtenidos por endeudamiento este sigue aumentando cada vez más sin que dicha proporción repercuta en el mejoramiento básico de la población, o al menos solucione penurias que real o supuestamente se pretenden satisfacer.

De hecho no es ninguna novedad saber que la desviación de millones de dólares llegados al país jamás se invirtieron para lo que fue solicitado; todo lo contrario, denuncias y pruebas existen de que más del 50% de dicho suministro se canalizaron para capitalizar negocios particulares de empresarios y políticos.

En otras palabras, la corrupción pública como privada condujo al pueblo hasta el matadero porque, a parte de no invertir los recursos en beneficio social, a nombre del mismo pueblo se firmaron sendas letras de pago por medio de las cuales se mantiene a la presente y futuras generaciones hipotecadas cuando, en efecto, el dinero fuerte y bien cotizado se encuentra en manos de la iniciativa privada y sus cómplices políticos. Los pasivos (la deuda interna y externa) son propiedad y responsabilidad de los mexicanos.

Así, el compromiso financiero externo en México ascendía a 160 mil millones de dólares al inicio de la presente década, y si para ese mismo año, según cifras oficiales, éramos 97 millones 400 mil habitantes ¿Cuánto debe cada mexicano al tipo de cambio actual? ¿y mañana?
Publicado en el Periódico Frontera 20 Febrero del 2009