jueves, 18 de febrero de 2010

Cuatro minutos por la independencia

5:40 AM el grito que nos despertó ésta mañana estuvo acompañado de un llanto, que hemos aprendido a reconocer que no lo es. Mi esposa y yo creemos distinguir entre un falso llanto y uno verdadero. Sabemos que cuando se escucha un golpe seco y después de él un segundo de silencio el llanto que vendrá siempre será verdadero, entonces hay que correr hacia su origen esperando no ver un chipote...

El llamado que nuestro hijo “pequeño” hizo desde su cuarto por la mañana era para que su madre le llevara su acostumbrado vaso con chocolate: la “titi ate”, como él le nombra desde su incipiente lenguaje oral y que desciframos fácilmente desde los monosílabos que reproduce. La dependencia de la mamila se la “quitamos” hace un par de meses, a cambio su negociación fue hacerse de un vaso de los llamados vasos entrenadores, que para el caso debe ser la misma cosa. Sólo que ahora se lo toma sentado mientras que con la mamila lo hacía recostado sobre su almohada en una envidiable maestría que se pierde por insistencia de los adultos con el pretexto de la independencia, ¿qué dijeran los bebés ante esta pérdida obligada?

Aquel grito fue entonces el despertador de esta mañana, aunque también lo ha sido de tantas otras, debiera decir nuestro acostumbrado despertador de las últimas semanas ha sido el pedido de la titi ate…. Medio adormilado, sólo para entretenerlo e intentar hacerlo olvidar, le pregunté -¿qué quieres? Su edípica, pero también envidiable respuesta fue un grito, llanto, petición, reproche: ¡tú no, mi mamá! Por segundos el silencio llegó, ambos esperábamos que la mentada madre hiciera algún despliegue de atención.

Ese diálogo había comenzado desde semanas atrás, exactamente cuando su madre se convenció, y decidimos, que era tiempo de sacarlo de nuestra recamara; con ello, según las recomendaciones de no sé quién; el de los gritos-distinguidos, comenzaría la segunda o tercera etapa de su proceso de independización. Supongo que la primera ruptura fue el corte quirúrgico que le hicieron a su cordón umbilical, después vinieron las intentonas por desaparecerle las mamilas, quitarle los pañales a cambio de los también pañales entrenadores.

En otro momento llegaría la insistencia multifamiliar porque diera sus primeros pasos; con ella vinieron las innumerables caídas, que derivaron acuciosos análisis quiroprácticos donde hasta el jardinero y el carpintero incluyeron sus perspectivas análiticas (faltaba más). Todos los participantes en aquellos coloquios de gran alcance planteaban sus propias teorías e hipótesis; unas más prolongadas y sustentadas que otras. Pero, en el fondo todas ellas sugerían explicaciones de aquel andar irregular: las caídas pues.

En la diversidad de aquellas ponencias cotidianas recuerdo también los diagnósticos ortopédicos alternativos y de justificación hereditaria de una ascendencia de segundo nivel desde la ramificación maternal. Estas opiniones fueron presentadas con una habilidad magistral que enturbiaba los bisoños planteamientos freudianos del jardinero. La cosa era encontrarle al de la titi ate cualquier parecido físico, gestual o de personalidad con cada uno de los miembros de la ramificación maternal. ¿lo independizamos, lo asemejamos o lo entrenamos? Afortunadamente cuando las caídas cesaron los contrastes músculo-esqueléticos también.

Con el paso de los días, las decisiones con respecto a la educación de nuestros hijos se han sustentado en lo que según las múltiples recomendaciones de conocidos y extraños de lo que es mejor para los niños en cada una de sus etapas de crecimiento, inclusive de quienes no han tenido en sus manos jamás a un bebé ni lo que implica el cambio de un pañal que no pudo detener el producto alimenticio líquido y procesado por un estómago infantil. La cosa era opinar y dar línea para la educación o el entrenamiento.

Así una y otra de las recomendaciones versaban sobre lo que hay o había que hacer para ayudarlos a crecer y sobre todo para ser independientes. ¿Será que la independencia de los hijos llega sólo por sacarlos de la recamara? ¿Es una decisión que les beneficia? ¿Es una forma para dormir un poco más? ¿Es un intento de vuelta a la privacidad y la intimidad desde la cual se procrean aquellos que después se insiste en alejar con el pretexto de su independencia? Tampoco sé si esa o la otra son buenas o justas razones. Tampoco pretendo desarrollar y justificar nuestras decisiones desde ningún análisis freudiano… sólo apuntar algunas de las peripecias que ni cuenta se dan los niños hemos hecho en la búsqueda o fomento de su independencia.

Mientras el silencio se hacía presente entre una respuesta y otra. La televisión también hacia lo suyo, se encendió a la hora que la hemos programado para hacerlo, así que no es su culpa, finalmente es un aparato que se programa a partir de los deseos de sus propietarios. No hay entrenamiento sólo un click por aquí y otro por allá y ¡listo! la TV obedecerá. Eso y aquello entonces sólo son parte de lo que nosotros mismos hemos aderezado a la cotidianeidad de cada amanecer. La búsqueda o el fomento de la independencia, el caminar, el comer, el baño ¿serán aspectos de un click costumbrista, sublime, simbólico, social o familiar?

El ruido en casa comenzó a despertar a todos los seres vivos que la cohabitamos. Yo insistía en mantener mis ojos cerrados, pero las imágenes en mi mente se hacían cada vez más nítidas. Mi mujer jaló las cobijas cubriendo su cara y destapando sus caderas.

Las mascotas que nos acompañan son un par de perras: La Tesis y La Caqui; también tenemos una gata. Esta felina “miembra” de la familia fue un obsequio de algún viejo amigo de mis suegros; a propósito, ahora recuerdo que aquel viejecillo también abonando al contraste y a la búsqueda de parecidos familiares y hasta de políticos de moda. El parecido ideológico lo encontró en algún berrinche de los tantos que los niños y los políticos soberbios continuamente escenifican, en particular de aquel desaforado que antes de convertirse en el presidente legítimo se le adjetivaría como un peligro para México, resultando menos dañino que aquel que le ganó por una nariz la silla presidencial. Las tres bestias domesticadas –no el viejito que regalo a la gata, tampoco el político berrinchudo, ni el espurio, mucho menos el de los gritos distinguidos, sino las dos perras y la gata- comenzaron a solicitar desde sus instintivas formas de comunicación la atención que se han ganado como miembros mantenidos de esta familia. Los ladridos y ronroneos ya eran parte de nuestro amanecer, ¿será esa la razón que justifica su manutención? Hasta ahora no les conozco otra gracia…

Estamos en la primera semana de enero, el clima de invierno en la costa californiana es duro, aunque tolerable hasta que no llega el jalón de las cobijas de mi mujer y me deja al descubierto, pies, espalda y todo lo demás. A pesar de esa algarabía, la hora: 5:42 AM.

Los primeros rayos del sol se comenzaban a filtrar a través de las persianas y el despertar innumerables pajarillos cantando que llegan desde las pelonas ramas de uno de los árboles plantados en el pequeño patio trasero, también servían de contrapeso al silencio que cada vez se alejaba de mi cama. Sin alusión pirata poética sino en una narración de lo absurdo, los cantos y los llantos silenciaban el sonido que provocan las olas al romper en la playa cercana. El rumor se logra escuchar durante algunas noches hasta nuestra cama brandnew así que tenemos un activo variable que resulta ser una compañía silenciosa durante aquellas etapas de romanticismo apresurado de no pocas noches memorables que se entretjen de vino tinto, largas pláticas, secretos y fantasias compartidos. En ese mueble y en aquellos momentos además de hijos hemos hecho el amor ¿El secreto puede ser una inteligible idea compartida o cada quien percibirá lo que le venga en gana?

La irresponsabilidad de mi madurez trasnochada me decía: todavía te quedan algunos minutos, ¡aprovéchalos! Mi hijo el “mayor”, con sus nueve años, ya esperaba en su cama, simplemente que le dirigiera el llamado acostumbrado. Él ha asumido que al nombrarlo por las mañanas las siguientes acciones que deberá realizar son levantarse, ponerse su uniforme y esperar sentado a tomar su desayuno. El desayuno ya debería yo mismo estárselo preparando. ¿Eso es obediencia, instrucción interiorizada, coarción u obstrucción a la libertad y el sueño? Ya lo había escuchado levantarse y pasar a su baño. Cuando eso ocurre sé que él ya está listo para iniciar su día. Sin duda es más responsable que yo siempre y cuando no tenga el Play Station 3 frente a sus ojos. Reacción pavloviana derivada de su comportamiento anual previo demostrado.

En ese momento, ahora recuerdo repetido en tantas otras mañanas, decidí que extendería la modorra. Mientras estiraba los músculos de mis pies pasando a la cadera y concluyendo con mi espalda –es el ejercicio que últimamente realizo; las largas carreras matutinas en trote o en bicicleta se han detenido desde hace algunos años, ya volveré a ellas.

A mi lado, la espalda de mi mujer acurrucada sobre su costado me sugería ser el convexo de su cuerpo, pensé que al cabo todavía teníamos algunos minutos por delante. Así que apretuje mi pelvis a sus caderas descubiertas. Como pude jale las cobijas que me habían sido robadas cubriéndome mi espalda y entrelazando mis pies con los suyos. Mientras se acomodaban nuestros cuerpos entre el cóncavo y el convexo respectivos, debiera decir mientras la estructura de acumulación grasosa que envuelve mi abdomen se acomodaba en la espada de mi mujer, una especie de rugido que percibí como ronroneo salió de su garganta. Por supuesto, no era el preámbulo de un romanticismo mañanero, mis pies estaban fríos…

5:44. Cuando me encontraba apretujando el cuerpo de mi esposa tomando sus caderas entre mis manos, un calambre en mi espalda asentuó el retortijón clásico matutino, el proceso fisiologico habia comenzado. Todavia insistente,como buen taurino, traté de aprovecharme de esos minutos extendidos de la noche o los primeros robados de la mañana, el tap tap tap de unos pasitos se escucharon con velocidad aproximándose a nuestra recamara, de un golpe empujó la puerta y continuó su carrera hasta treparse en mi espalda, que ahora era parte de una especie de lápida sobre el cuerpo de su madre.

La razón ajena de promover la independencia de los hijos, ahora me demostraban la permanente búsqueda que “los independizados” hacemos permanentemente, mientras más alejados estamos más intenso y veloz es el retorno. Es probable que esa razón también haya sido la causa de salir o ser expulsado, primero en mi niñez, de la recamara de mi “ama”, después, en mi adolescencia, de su casa y tiempo después, en mi juventud, de una ciudad y otra; de aquellos lugares y en aquellas alocadas búsquedas lo encontrado nunca fue predeterminado, siempre llegó por casualidad.

Por cierto, la salida de mi mujer de su casa también llegó como el inicio de la partida de sus demás hermanos, alguien tenía que hacer punta, una especie de réplica de “cuando los hijos se van” o debiera decir en las actuales condiciones sociales y económicas “cuando los hijos no se quieren ir.” La pregunta espontánea de mi hijo no esperó al ver aquella escena de masoquismo aplastante: ¿Qué haces arriba de mi mamá?

A pesar de la casualidad, los amaneceres y los pájaros, siempre han estado ahí, ahora compartidos con los gritos y el sonido de los piececillos descalzos de mis hijos, los que a propósito cada vez se hacen más fuertes, más sólidos, más firmes; seguramente algún día los escucharé alejarse. Pero como no aludiré el melodramatismo del adiós, eso llegará sin duda en la senectud espero no estarlo contando mucho menos narrándolo, antes me muerdo un blogg.

Los ladridos y los ronroneos también son sonidos que en onomatopeyas conocidas son parte del lenguaje infantil desarticulado. Los sonidos no se irán, pero la edad de mis hijos sí lo hará, sus años también se irán junto con la estúpida razón de la independencia y la intimidad que alguien sugiere buscar. Todos ellos han sido los sonidos e imágenes que persisten en mi mente cuando aún ni siquiera abro los ojos.

He decidido, al concluir esta catarsis bloggera que a las 5:40 AM y después del primer ruido abriré mis ojos para que ni una sola de las imagenes que las origina se me escape; intentaré ver cada uan de ellas con la claridad que las lagañas me permitan; mientras, mejor preparo el desayuno, saco a los perros, tiro la basura (la mí y la de casa), ¡ah! y a tambien paseo a la gata y, por supuesto, beso a mi mujer, al fin y al cabo que otra noche llegará y por la mañana disfrutaré de la cotidianeidad que provoca y chance, en una de esas, decida salir a correr o pasear en bicicleta.