jueves, 6 de mayo de 2010

Efervescencia del hartazgo Reloeded (Postigo y yo)

Insensibilidad, narcotráfico, pobreza sin freno, falta de oportunidades, educación deficiente, corrupción, ilegalidad, impunidad, estos son sólo algunos de los asuntos que anestesian la evolución social; aparentemente sólo delirada por unos cuantos, pero, eso sí discursiva en tantos otros. Lo cierto es que todos ellos adolecen de lógicas públicas o colectivas que las extirpen del tejido social. Desde hace una semana la “preocupación oficial” por la Ley anti-inmigrante que ha sido pronunciada en Arizona ha colmado de declaraciones y pronunciamientos tan vacíos de lógica como la misma política calderonista.

¿Cuál es la estrategia política mexicana en el rubro de “paisanos emigrados”? ¿Cuáles son las acciones concretas en materia de atención consular de los miles de connacionales radicados en Arizona? ¿Cuál es la atención que le otorgará el gobierno mexicano a los cientos de hombres y mujeres que han perdido su fuente de trabajo en aquel estado norteamericano? ¿Cómo sacará a los cientos de inmigrantes que hoy se encuentran encerrados en sus propios hogares por temor a ser detenidos? ¿Cómo se atenderán las condiciones de familias desmembradas en aquel estado porque sus padres han sido “acusados” de criminales por no poseer residencia legal empero sí haber engendrado hijos en aquellas tierras? ¿Cómo se evitará que hoy mismo y durante los próximos meses otros cientos de miles de paisanos “expulsados” de sus tierras en cualquier estado de México intenten cruzar hacia los estados unidos por el único espacio “libre” que les ha dejado la “Border Patrol” sin vigilancia extrema: El desierto?

No me detendré en figurar presunciones de respuestas. Sólo pretendo acompañar la importuna fantasmagoría que resulta compartir impresiones de la realidad que entreteje los avíos y desviaciones que colisionan en lugares simultáneos como las fronteras.

Estas líneas son sólo estímulos íntimos para insistir en un espacio que persiste en vaciarse en la miopía y la apatía, más allá de las fronteras auto creadas e imaginadas y satelitalmente vigiladas México y Tijuana son hoy territorios de iletrados hambrientos de insumos exportados y pirataje. Sean también hoy las fronteras reales erigidas en la línea asunto insubstancial cuando de deseos compartidos se trate.

Las demandas efervescentes son fuente de creatividad que da libertad a los recuerdos y a las fantasías que recreadas replantean un diálogo. Aunque de cierto es que mucho tenemos que rehacer por romper la inercia y el escepticismo del pasado inmediato en el que nacimos, del irritante hoy y del mañana desolador. La inconformidad provocada por ver, oler o percibir el tufo perpetuo a perro muerto que rodea a muchos de los asuntos cotidianos, revive el hartazgo con las declaraciones oficiales. Esta efervescencia debe ser el adjetivo que no dé tregua al aire que insiste en convertirse en ambiente.

Fueron los propios paisanos quienes dieron muestra de su fuerza a través del levantamiento de sus voces en contra del hastío por el desprecio del que han sido objetos. El fin de semana cientos de miles de ciudadanos norteamericanos hijos muchos, muchísimos de ellos de inmigrantes ilegales mexicanos demandaron respeto a su condición de vida. Mientras en México seguimos leyendo y escuchando de Fecal y sus esbirros una perorata cantinflesca, absurda e irresponsable, que omite, en los hechos la implementación de acciones concretas para detener lo que ocurre no sólo en Arizona sino en cualquier lugar donde cualquier mexicano se encuentre.

Hagamos pues del eco de aquellos que nos insisten en la leída, el puente de concreto sobre el que transite la imagen y efectos que insiste en la destrucción de la condición humana, no con el morbo del espectáculo lúdico de la miseria enternecedora sino como un acuse desde el cual los suspiros sean la esperanza demandante de acción en contra del hartazgo.

Periódico Frontera 4 de mayo del 2010