Fecal es esclavo de sus propias mentiras cuando señala que su política televisiva ha repercutido favorablemente en la vida de los mexicanos y en la conducción de la economía.
Calderón oculta en sus discursos jactanciosos, empero, que la corporatocracia es quien ha señalado desde hace décadas la política económica del gobierno y esto no es conspiración ni elucubraciones sino simple conjunto de evidencias que en la práctica hacen ver cómo las grandes corporaciones empresariales y oligárquicas priorizan la maximización de los beneficios sobre los costes sociales y ambientales.
Por señalar la lógica evidente desde la cual se reproduce el axioma anterior se conoce la medida de cómo los gobiernos entreguistas neoliberales asumen el endeudamiento externo como alternativa para atemperar las crisis recurrentes provocadas por ellos mismos.
En aquel marco, los empresarios del campo y la fábrica, los productores de insumos y bienes terminados o intermedios se encuentran hundidos en un escenario de apertura comercial apresurada que los obligó a acceder al crédito como una opción ofrecida perversamente por las grandes financieras para obtener el control absoluto de los mercados. Esta opción en el mediano plazo significó un mausoleo empresarial manifiesto en el cierre de innumerables micros y pequeñas empresas, así como en la pérdida de empleos en todo el territorio.
La corrupción y malversación de fondos en manos de altos funcionarios y de los grandes corporativos llevó al país a aceptar las condiciones externas para solventar el endeudamiento eufemicamente llamado “políticas de ajuste estructural”: devaluación de la moneda, recortes en el financiamiento de los programas sociales (salud, vivienda y educación), y privatización de las empresas públicas, entre otros mandatos.
La caída del valor del peso, por ejemplo, significa una opción a través de la cual las grandes corporaciones obtienen (compran) los recursos a precios mucho menores de los reales (sendo favor les hacemos vendiéndoles más barato aquellos recursos que de por sí son producidos a costos elevados y en cantidades insuficientes). La desatención Estatal en los programas sociales significa dejar en la orfandad y comprometer el bienestar y la integridad de la sociedad a la “mano invisible” de un mercado que ha profundizado los niveles de miseria. No hay que sorprenderse entonces de los resultados actuales presentes en el tejido social: jóvenes desempleados, trabajadores explotados, campesinos olvidados, mujeres violentadas, niños enfermos, etcétera.
En este escenario de vacío y desinterés de la política de Estado con sus responsabilidades básicas, se abre la posibilidad para que los sistemas socialmente necesarios sean adquiridos, administrados y regulados por la iniciativa privada; es decir, la privatización de las telecomunicaciones, de los caminos, de los puentes, de los puertos, de la producción de insumos, de la educación, de pensiones o de salud son polvos de centenarios lodazales que de forma permanente o cíclica salpican a los borrados de siempre.
Se equivoca el usurpador de Los Pinos cuando alardea que su gobierno no sólo venció a cuatro jinetes del apocalipsis a quienes relaciona con el virus de la influenza, la crisis financiera, la guerra contra el narco y la sequia; sino también a un quinto charro identificado con la caída en los precios del petróleo.
Sin embargo, en el libro del Apocalipsis la duda cabe, cosa contraria a los resultados provocados por la atropellada cabalgata emprendida por “el hijo desobediente” sobre la mayoría de los mexicanos pues desde diferentes posiciones Fecal ha traído consigo lo que ahora endilga a la mitología cristiana: Peste, Hambre, Guerra y Muerte.
Publicado en el Periódico Frontera 11 de mayo del 2010