domingo, 7 de noviembre de 2010

Cambio de rumbo (Postigo y yo)

"Eran no más de las diez de la noche cuando un grupo de encapuchados entró tirando bala, matando e hiriendo a todo aquel que se cruzaba por su metralla.” Así se han leído en no menos de cinco ocasiones notas periodísticas que no generan ninguna sensibilidad en quienes empuñan las armas detrás de sus escritorios y continúan ordenando mantener la lucha en favor de sí mismos.

La pretendida búsqueda de legitimidad de la administración espuria durante el primer año, encontró en el discurso de la lucha contra el narcotráfico la justificación para sacar al ejército a las calles. Hoy la atrocidad de los asesinatos masivos de jóvenes en distintas ciudades del país, encuentra en el silencio de los medios de información de cobertura nacional y el conjunto de esbirros seudocomentaristas y periodistas, eco de las “filtraciones” o móviles de tales atentados, unos y otros, señalando posibles líneas de investigación que pone a los muertos en el juicio acusador fulminante como las mismas balas que les arrebataron la vida.

La organización criminal es aquella que pretende ocultar las verdades del fracaso de sus estrategias. Con Fecal a la cabeza el descrédito institucional ya no es, en lo más mínimo, materia de duda. Quienes más organizan sus tareas “profesionales” alrededor del crimen son aquellos que han omitido “redimir al hombre y dar orientación a los esfuerzos nacionales” declaraba José Vasconcelos.

Cada vez son más (o debería decir son menos tratándose del número de muertes en relación con la edad) los jóvenes que desaparecen entre los sueños propios y las mentiras de oropel que deslumbran sus miradas. Las intenciones de autodesarrollo que pudieran tener cuando apenas transitan los primeros años de su pubertad se pierden en el anonimato, la falta de espacios educativos, el desempleo, la violencia cotidiana y, cuando peor es su contexto, en la lucha, la huida o la muerte.

No hay que olvidar que desde hace 20 años de cada 10 jóvenes que egresan de la secundaria sólo 4 ingresan a la Educación Media Superior y de esta misma cantidad de jóvenes, hijos del modelo neoliberal y entenados de las crisis, sólo 22 de cada 100 ingresan a la universidad. Guevara Niebla le llamaba “la catástrofe silenciosa”; sin embargo, el silencio ha cedido su paso al estruendo de la metralla y no revolucionaria sino de afrenta a la razón. La catástrofe silenciosa hoy se fortalece del discurso de modernización y de alianzas para la calidad en la educación.

Las cacareadas nuevas reformas implementadas en todos los niveles educativos, los cambios desordenados en los contenidos y materiales didácticos (libros de texto), la inclusión en las aulas de costosos e inútiles (ahora olvidados por obsoletos) programas basados en las nuevas tecnologías (Enciclomedia) de poco sirven cuando de resultados se trata.

No se trata de resultados en el dominio memorístico de contenidos sino de las habilidades básicas socialmente necesarias para sobrevivir y convivir. El dispendio del poder sindical ha generado, en comunión con la desidia y la indigencia mental de funcionarios públicos, la inoperancia de las instituciones encargadas de ofrecer seguridad y oportunidades.

Dos pilares básicos de la convivencia: la educación y la justicia se han subido al navío que naufraga irremediablemente en el mar de sangre que ha llegado a los pies de casi cualquier hijo de vecino, sin que exista posibilidad o voluntad por cambiar el rumbo. La impunidad y desorden existente en las instituciones públicas seguirá siendo el viento que impulse las causas de la política calderonista sin que ningún dejo a la vista permita un mejor arribo… vamos cambiando el rumbo.

Publicada en el Diario Frontera 2 de Noviembre del 2010