Cuando lo pensado, vivido o imaginado puede ser registrado en la memoria del papel y las palabras se eternalizan al escribirse ¿se trasciende de uno mismo? o ¿en la apatía y el desde a la lectura ajena se eternaliza el olvido? ¿Escribir y compartir debieran ser verbos y acciones inseparables?
Abusar o aprovechar lo escrito de otro, junto con la simplicidad interpretativa que con frecuencia hago de lo leído, me sirve para confirmar que aquello escrito acompaña, comparte e intercambia sueños, fantasias o mentiras de uno y otra; me refiero a los personajes de una y otra de aquellas novelas, cuentos, narraciones, obras que por error y para su mala fortuna caen en mis manos.
En aquel trasiego, por momentos se comparte, además de una historia falsa o verdadera, la inquietud, la paradoja y, quizás también, el sentido común que explica realidades o virtualidades donde se mueven personajes, actores, hombres, mujeres… se puede ser quien se quiera ser.
Así –creo- los escenarios construidos o autosugeridos serán los espacios que condicionen o determinen las acciones, los resultados y las consecuencias (entendiendo y diferenciado entre lo mecánico y lo humano de las consecuencias frente a los resultados) interpretación que como tal resulten fallidos o erróneos para aplacar inquietudes.
Así –creo- los escenarios construidos o autosugeridos serán los espacios que condicionen o determinen las acciones, los resultados y las consecuencias (entendiendo y diferenciado entre lo mecánico y lo humano de las consecuencias frente a los resultados) interpretación que como tal resulten fallidos o erróneos para aplacar inquietudes.
Sin embargo, son las reacciones y las impresiones (junto con la esperanza y la persistencia) las que definen las decisiones o así debiera ser.
La ironía de las realidades que uno y otra viven (los personajes de las mil novelas no leídas) provocan que la materialización de los sueños y el impuslo de las fantasias siempre sean (o puedan ser) una opción en la virtualidad construida y ofrecida (por momentos o por instantes) en los chats, los e-mail o los in-boxes, aunque esto también puede llevar a que las consecuencias se externen en las ambigüedades de ella o que lo efímero del clic o el ping permiten sentir un palpitar diferente al cotidiano, pero que se desvanece al instante en espera del siguiente, hasta que cesan –dicen.
En cada uno de los pings se siente el click que transforma a quien lo escucha y a quien lo lee y sobre todo a quien lo escribe o lo provoca.
La realidad se transforma en la incertidumbre de las acciones, las reacciones y los resultados.
La distancia –dicen también- desaparece en la virtualidad.
Si aquello es cierto, entonces cómo explicar, cómo entender o cómo aceptar que al abrir los ojos o al voltear hacia cualquier lado, no se encuentran aquel y aquella (personajes de las cien novelas)…
