El esconderite o las escondecucas ha sido una forma en que los niños de la mayoría de los pueblos han desarrollados procesos de socialización e interacción. Las reglas muy simples: Los participantes buscarán un lugar donde esconderse, entre ellos seleccionarán una piedra, un poste o un árbol como el punto de “salvación”. Uno de los participantes será el encargado de encontrar, después del canto de una cuenta numérica, al resto de los niños. La selección de los mejores lugares para no ser encontrados puede garantizar el triunfo.
Una variante de aquel juego se percibe desde hace tiempo en el escenario nacional. Así, se observa como el esconder evidencia; tirar la piedra y ocultar la mano; perder el rumbo y omitir los procedimientos; disimular realidades por grotescas y ofensivas, son unas y otras parte del decálogo de la práctica de la cotidianeidad pública y privada. Se pudiesen contar tantas historias oprobiosas y absurdas para la inteligencia popular. Sin embargo, sólo mencionaremos algunas evidencias de esta parodia.
El resultado del caso de la niña Paullete quien increíblemente se perdió o se escondió su cuerpo en un pequeño espacio de su propia cama, lugar donde muere de abandono lleva, al remedo del gobierno de Peña Nieto, después de nueve días a declarar que Paullete Gebara Farah murió por “accidente”.
Mientras aquello se declara, Felipe Calderón también hace lo propio. Fecal esconde su sumisión detrás de los aplausos recibidos en el Capitolio de los Estados Unidos; en su “bravucona” declaración en contra de
En la búsqueda frenética por posicionar su extraviada legitimidad Calderón, a través del uso inapropiado de las fuerzas castrenses, comenzó una “guerra” que no ha presentado mejores resultados que la pérdida de los espacios de convivencia y el incremento del miedo a la muerte entre cada vez más ciudadanos en todo el país.
El presidente del empleo esconde también su falla en la conducción de la política en la mayoría de los rubros que debiesen servir para mantener arraigados a los 750,000 emigrantes anualmente expulsados de sus propias tierras por falta de oportunidades.
En otra escena de la parodia, la búsqueda suspendida para dar con el paradero o escondrijo de Fernández de Cevallos, no debiera sorprendernos cuando esa práctica de omisión o desatención es la constante en las instancias encargadas de la procuración de justicia en nuestro país. Sin embargo, en otro caso, la justicia se mantuvo inmutable como en el asesinato imprudencial –irresponsable- cometido por la heredera del rokero mexicano Alex Lora. No son pocos los casos en que la justicia da carpetazo a este tipo de homicidios, sin embargo, para su “fortuna” ser hija de quien es, colocó a la embriagada hija de los Lora tras las rejas, haciéndose de esta manera “justicia” sin consideraciones de ningún tipo. Ya tendrá el rokero de México razón o fuente de inspiración para cantar entre algunos de los que no pudieron o no tuvieron para esconderse en otro lugar que el penal de Santa Martha. En contrapelo al caso de Celia Lora, la descarada declaración de
Lo cierto es que no siendo un juego, la realidad social, política y económica en México también se acompaña de una desesperanza aferrada a los labios y las uñas de quien hoy mismo estará decidiendo aferrarse a una piedra, un poste, un árbol para volver a intentarlo, no importando las pérdidas o ser “descubierto” al fin y al cabo la justicia duerme en el país de las escondidillas.
Publicado en Frontera el 25 de mayo del 2010.